Indicadores y respetos

JUAN ORIBE STEMMER

Los expertos del Ministerio de Economía y Finanzas realizaron en ACDE una presentación sobre la estrategia económica y la equidad social. Opinaron que se debía mejorar la calidad del gasto público social, fundamentalmente en la enseñanza y señalaron que "aún no se perciben impactos del esfuerzo presupuestal realizado en el período pasado", que en Secundaria "resultan alarmantes las tasas de repetición y abandono" y que no habían "avances significativos en los niveles de aprendizaje entre 2003 y 2009, de acuerdo a las pruebas PISA" (El País, 23 de diciembre).

Esas afirmaciones tenían el sólido respaldo de los resultados de las Pruebas PISA y del recientemente publicado Anuario Estadístico de la Educación correspondiente al año 2008. A pesar de ello no fueron bien recibidas por algunas autoridades de la enseñanza.

Cuando las negociaciones sobre el presupuesto con el Ministerio de Economía un jerarca del Codicen manifestó que era "una falta de respeto que el Ministerio de Economía venga a recomendar que se evalúe la educación en base a indicadores".

Las reacciones de funcionarios y gremialistas ante las Pruebas PISA y el silencio con que ha sido recibido el Anuario Estadístico, sugieren que el verdadero desafío que se encuentra al tratar de desarrollar el sistema de la enseñanza no consiste tanto en conseguir más dinero (es revelador que el Ministerio de Economía ponga énfasis, no en la "cantidad" sino en la "calidad" del gasto), sino en determinadas mentalidades y actitudes que parecen predominar en sectores influyentes.

Nadie pretenderá definir una estrategia para el desarrollo sustentable del sistema de la enseñanza, o evaluar su aplicación, solamente a partir de una enumeración de indicadores. Pero tampoco es posible definir ni aplicar ni evaluar tal estrategia sin contar con un conjunto de indicadores estadísticos que midan la magnitud y la calidad de los aspectos clave del sistema de enseñanza. Además, y este es el mérito de las Pruebas PISA, esos indicadores deben ser similares a los utilizados en otros países, con el propósito de facilitar las comparaciones con experiencias diferentes, mejores o peores que las nuestras. No somos una isla y mucho se puede aprender del resto del mundo.

¿Sería razonable sostener que no es relevante la cantidad de alumnos que asisten a cada uno de los niveles del sistema de la enseñanza?

Ese aspecto se resume en una serie de cantidades y porcentajes; es decir, de indicadores. Otro ejemplo: el Anuario Estadístico de la Educación concluye que la proporción de personas entrevistadas en el grupo de edades de 15-20 años que no asistía a un establecimiento educativo ni buscaba trabajo pasó del 12,1 por ciento en el año 2006 al 12,6 por ciento en el 2008. ¿No son estos indicadores valiosos que deben inspirar estrategias adecuadas?

Los indicadores son instrumentos esenciales que no pueden ser descartados como una "falta de respeto".

La "falta de respeto" consistiría en negar el valor esencial de ese tipo de información y en pretender administrar el sistema de la enseñanza sin ella.

"No se deben negar los resultados de las Pruebas PISA ni los datos del Anuario de Educación".

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