Europa: graduados no obtienen empleo

Jóvenes. Consiguen títulos universitarios pero no pueden ingresar al mercado laboral

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La indignación de los jóvenes ya estalló, a veces de manera violenta, en la Unión Europea, en protesta no sólo contra las medidas de austeridad económica ante la crisis, sino también por sentirse excluidos, pese a su nivel de conocimientos.

Francesca Esposito, de 29 años de edad, con una educación soberbia, le ayudó a su empleador a ganar millones de euros, con falsas querellas por discapacidad y otras demandas, a una prominente agencia estatal de Italia. Pero, un día del otoño pasado, ella renunció, harta del grado de surrealismo y, al final de cuentas, la tristeza que implica ser joven en Italia hoy día.

Le causaba irritación que incluso con su conocimientos y fluidez en cinco idiomas, era casi imposible conseguir un empleo remunerado. Pensaba que ya era bastante malo trabajar como asistente legal sin sueldo, pero hacerlo en la administración del seguro social de Italia parecía excesivo. No sólo trabajaba sin goce de sueldo en nombre de los ancianos del país, quienes generalmente han saturado los puestos laborales y dejan sin empleos a los jóvenes, sino que los esfuerzos de Esposito ahí ni siquiera contaban para su jubilación.

Los jóvenes ya expresaron su indignación en las calles de Grecia e Italia en semanas recientes. A medida que estudiantes y anarquistas más radicales protestan no sólo por medidas de austeridad específicas en economías que se vinieron abajo sino una realidad en ascenso en el sur de Europa, personas como Esposito sienten cada vez más que son excluidas de su propio futuro.

Los expertos advierten sobre la volatilidad en las finanzas de Estado y la sociedad en general a medida que la generación con mayor educación en la historia del Mediterráneo llega a uno de sus peores mercados laborales.

Los políticos están empezando a notarlo lentamente. El presidente de Italia, Giorgio Napolitano, dedicó su mensaje de final de año al "penetrante malestar entre la juventud", semanas después de las multitudinarias protestas en contra de las reducciones presupuestarias al sistema universitario.

Incluso antes de que se sintiera el impacto de la crisis económica, el sur de Europa no era un lugar fácil para forjar una carrera. El bajo crecimiento y una corrosiva falta de meritocracia han presentado por largo tiempo desafíos para encontrar un empleo en Italia, Grecia, España y Portugal.

Hoy día, con la punzada adicional de la austeridad, más personas terminan peleando por menos oportunidades. Es un juego que inevitablemente pone a trabajadores más jóvenes, que luchan por entrar al mercado laboral, en contra de trabajadores más viejos, que ya ocupan preciados espacios.

Debido a esto, se ha asentado un profundo malestar entre los jóvenes. Algunos salen a las calles para protestar; otros emigran al norte de Europa o más allá, en una épica fuga de cerebros de graduados universitarios. Sin embargo, muchos más sufren en silencio, viviendo en sus recámaras de infancia hasta ya bien entrada la adultez porque no pueden darse el lujo de, si quiera, alquilar una vivienda para independizarse.

"Dicen que somos la generación perdida", comentó Coral Herrera Gómez, de 33 años de edad, quien tiene un doctorado en Humanidades pero sigue viviendo con sus padres en Madrid, ya que no puede encontrar un empleo fijo. "No soy joven, pero tampoco soy un adulto con empleo", comentó.

Durante años, ha prevalecido un debate nacional en España respecto a los graduados universitarios cuyas mejores perspectivas laborales bien pudieran pagarles apenas 1.000 euros (1.295 dólares) al mes, o US$ 1.300 (unos US$ 1.700).

Herrera está en el extremo más bajo de la escala. Harto de ganar 600 euros mensuales, (el equivalente de US$ 790), como maestro de arte dramático para niños, manifestó que había decidido mudarse a Costa Rica este mes para enseñar en una universidad.

Mientras hablaba en un café de Madrid, un televisor transmitía un reportaje sobre el cumpleaños 106 de una mujer, la cual dijo que el secreto de su longevidad era comer morcilla.

DESEQUILIBRIO. El contraste no pudo ser más fuerte. De hecho, los expertos advierten de un desastre demográfico en el horizonte del sur de Europa, que tiene una de las tasas de natalidad más bajas del mundo occidental. Debido a que los jubilados viven más tiempo y los jóvenes entran más tarde a la fuerza laboral -pagan menos en impuestos porque sus salarios son muy bajos- tan sólo es cuestión de tiempo para que las arcas del Estado se agoten.

"Lo que tenemos es una pirámide", dijo Lawrence Kotlikoff, economista en la Universidad de Boston y experto en política fiscal.

Debido a que los aportes sociales y los costos de los despidos siguen siendo muy altos, varias empresas a lo largo del sur de Europa aborrecen contratar a nuevos trabajadores a tiempo completo, así que, con frecuencia cada vez mayor, a los jóvenes les ofrecen pasantías sin sueldo o de bajos ingresos, capacitaciones o contratos temporales que no ofrecen las mismas prestaciones o protecciones.

Graduada: "Si tuviera que hacerlo de nuevo, no iría a la universidad".

Se arrepienten de haber estudiado

Las nuevas medidas de austeridad en España, donde la tasa de desempleo está en 20 por ciento, la mayor en la Unión Europea, están reduciendo incluso más la oportunidad de conseguir trabajo. España ha prometido que aumentará su edad para el retiro a 67 años, respecto de 65, pero de manera gradual a lo largo de los 20 años siguientes.

"Ahora, la gente está siendo jubilada anticipadamente, a los 55", notó Sara Sanfulgencio, de 28 años de edad, quien tiene una maestría en marketing pero está desempleada y vive en Madrid con su madre, la cual es dueña de una zapatería infantil. "Pero, si no he empezado a trabajar a los 28 años de edad y ya tengo que retirarme a los 55, es absurdo".

En Italia, Francesca Esposito señala: "Soy una arrepentida graduada. Si tuviera que hacerlo de nuevo, no iría a la universidad y empezaría a trabajar". The New York Times

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