Divismo que también busca su identidad

MATÍAS CASTRO

Un par de años atrás, en medio de una entrevista telefónica, Florencia de la V le dijo con mal tono a un colega de este diario "A ver si vamos cortando con las preguntitas". Pero en este caso la entrevista apenas había tomado unos minutos. Era todo una cuestión de divismo y poca voluntad de la travesti argentina.

Esa misma actitud de diva, que en las presentaciones públicas combina cierta arrogancia con mucha energía y frontalidad, ha contribuido a poner a Florencia de la V en el lugar que hoy ocupa en el mundo del espectáculo argentino. Hay pocos casos como el de ella, sea donde sea. Aunque hay algunos similares. De la nada se hizo una carrera que no fue instantánea. Le tomó unos cuantos años llegar al punto de estrellato en el que está hoy y adquirir la capacidad de influencia y autonomía laboral que tiene.

Este lunes de mañana la argentina recibió su nuevo documento de identidad, que confirma oficialmente su voluntad de llevar un nombre femenino y dejar atrás a Roberto Carlos Trinidad, su identidad como hombre. Al menos en los papeles. "La gente cree que me llamo Flor de la V y es muy violento andar constantemente explicando", había dicho en el programa de Susana Giménez. Ahora, con su nuevo documento, ya no tendrá nada que explicar.

Divine y Rupaul, en Estados Unidos, La Prohibida, Shimai y otras en España… los ejemplos se acumulan si se recorren distintos países. Sin embargo el caso de la que ahora se llama Florencia Trinidad es algo menos raro o al menos lo parece. Su casamiento y el cambio de documento la han mostrado como alguien que quiere tener una identidad y una vida más o menos estable como travesti.

Su actitud, esa mezcla de arrogancia, alegría y divismo, la ha afirmado ante su público en tiempos en que los que son como ella han llegado a algunos lugares sin necesidad de las autojustificaciones que Divine y Rupaul y otras tenían que dar treinta años atrás.

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