MATÍAS CASTRO
Hoy arranca en Montevideo el tercer día de filmación del comercial de té helado que Hugh Jackman protagoniza. La cuarta y última jornada, según datos recogidos por El País, será el sábado también en la capital.
Jackman filmó el martes en Piriápolis, ayer por la mañana en Ciudad Vieja y por la tarde, hacia las 15 horas, en la plaza Virgilio de Punta Gorda. El lunes estaba todo previsto para que visitase el hotel Conrad, en Punta del Este, junto a su hijo Oscar, cosa que finalmente no ocurrió pero que podría darse si el ritmo de filmación lo permite.
Se podría decir que lo que se dio ayer fue "el baile de Wolverine". Jackman, más conocido por interpretar a ese personaje de historietas en las películas de X-Men, repitió una y otra vez, siempre con la misma sonrisa y sin perder la gracia, una coreografía. Se puso delante de la cámara en el set de filmación, instalado delante de la puerta de la Ciudadela, hacia las nueve de la mañana, y bailó durante unos cincuenta minutos. El equipo de rodaje, integrado por técnicos británicos, estadounidenses y uruguayos, se instaló en las inmediaciones del cruce de Buenos Aires y Ciudadela desde antes del amanecer.
Los extras comenzaron a llegar hacia las siete de la mañana y la mayoría de ellos aprendieron allí los pasos de baile. Ensayaron varias veces sus movimientos, acompañados por la música que salía de altoparlantes instalados desde la entrada a la peatonal Sarandí.
Un policía, un hippie con un ukelele, una hawaiana, una chica en bikini, un ejecutivo con maletín y un niño eran algunos de los personajes que encarnaban los bailarines. Todos estaban vestidos con ropas veraniegas y coloridas y bailaban la misma secuencia de pasos mientras cruzaban desde la Plaza Independencia, pasando por debajo y por los lados de la puerta de la Ciudadela, hacia Sarandí. Hicieron sus pasos varias veces, cada vez que el equipo de producción les daba una señal, ya que el tránsito no estaba cortado y solamente se detenía entre toma y toma.
Jackman llegó sin mayores anuncios, se instaló en medio del grupo de bailarines e hizo sus tomas. La idea del comercial, al igual que los que antes protagonizó para esta marca de té, es que al beberlo helado no puede evitar ponerse a bailar. Por eso mismo casi todos los bailarines llevaban en la mano botellas de té.
Mientras estuvo filmando, el actor se comportó casi como uno más. Aunque era imposible dejar de reparar en su presencia, se lo notó sin pretensiones. El equipo de seguridad había dispuesto un perímetro para mantener a los curiosos alejados, quienes fueron aumentando en número conforme avanzaba la mañana. Con la misma simplicidad que entró al rodaje, lo dejó, camino a Pocitos y, finalmente, a Punta Gorda.