Que se ponga

El fin de semana llevé al menor de mis nietos al Parque Rodó. A él le seducía la idea de verme la cara de terror en el Gusanito Manzana, una versión moderna y más frenética del entrañable Gusano Loco. A mí, compartir con él una tarde de churros, fútbol en el pastito y malcríe. Que para eso, digámoslo claro, estamos los abuelos.

Para el final del paseo compartido nos reservamos una recorrida por el viejo lago del Parque Rodó en uno de esos botes a pedal que, después de diez minutos, nos hacen comprender a los veteranos que el tiempo ha pasado más rápido de lo aconsejable y preguntarnos cuánto faltará para dejarnos caer sobre el sillón del living.

Mientras bordeábamos el lago vimos a un hombre que, munido de varias bolsas, arrojaba alimento a las aves que nadaban en el lago. Mi nieto me preguntó si podíamos comprar algo de comida para sumarnos a la tarea. "Vamos a preguntarle a este señor, que debe ser de la Intendencia, para saber si podemos darles de comer", le dije.

Fui un iluso. El hombre se llama Gustavo y es un particular que, enamorado de las aves y de las criaturas que la Intendencia alguna vez puso a vivir en ese lago, se encarga de alimentarlas. Gustavo es un hombre sin fortuna y muchas veces tiene que rascar sus bolsillos para encontrar las monedas que se necesitan para comprar arroz, polenta, pan, cáscaras de frutas o trozos de manzana. Pero él tiene clara su misión. Cuando él no puede ir, las aves no comen. Porque quien las puso allí, o sea la Intendencia, olvidó que se trata de seres vivos a los que hay que alimentar.

Gustavo está desalentado. Lo que gana no le alcanza para llevar comida todas las semanas. Porque el del Parque Rodó no es el único lago en que la comuna instaló aves, a las que no alimenta. Y este hombre, solo con su alma, es quien ha tomado para sí la responsabilidad de hacer lo que la administración municipal olvidó que es su deber.

En el lago del Parque Rodó parece que hay otro señor, un tal Alfredo, que trabaja en los botes y que, cada vez que puede, ayuda a Gustavo. Entre los dos se aseguran que las aves coman al menos una vez a la semana. Los domingos.

Gustavo luce cansado. Desalentado. No entiende por qué a nadie parece interesarle la suerte de esas aves. Pero no espera nada de nadie. Sabe que nadie hará nada y por eso, siempre que puede, lleva alguna bolsa de alimento y trata de asegurarse de que las aves coman.

¿Y la Intendencia? ¿Acaso no es la administración municipal, que decidió poner esas aves allí, quien debería encargarse de alimentarlas? ¿O es que la comuna espera que estas aves les terminemos alimentando, de nuestros bolsillos, los gansos de siempre, que pagamos nuestros impuestos municipales y que además tenemos que hacer y pagar todo lo mucho que la Intendencia hace mal o directamente no se digna siquiera a hacer? ¿Hay algún jerarca responsable de esta desidia? Como decía el gran Gila, que se ponga.

elpepepregunton@gmail.com

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