MADRID | EL PAÍS DE MADRID Y AFP
El Congreso español aprobó definitivamente ayer una ley que flexibiliza el mercado laboral, pese a la huelga general convocada por los sindicatos para el 29 de septiembre por considerarla "una regresión" en un contexto de desempleo galopante.
Si José Luis Rodríguez Zapatero mira a derecha y a izquierda en busca de apoyo para afrontar la huelga general comprobará que no puede contar con ningún otro grupo parlamentario. Ningún otro partido apoya su reforma laboral. La sensación de vacío solo queda mitigada por haber conseguido salvar el núcleo de la reforma laboral que, precisamente, es la causa principal de la protesta fijada para el 29 de septiembre.
La nueva ley generaliza un contrato de trabajo por tiempo indefinido con menor indemnización por despido, limita el recurso a contratos temporales, introduce más flexibilidad horaria en las empresas y facilita el despido por razones económicas. El objetivo es inducir a los empresarios a elegir contratos indefinidos en un mercado laboral caracterizado por una gran diferencia entre los trabajadores estables, que gozan de una protección relativamente buena, y aquellos sometidos a contratos precarios, cuyo número va en aumento.
José Luis Rodríguez Zapatero espera así atenuar uno de los males estructurales de la economía española: la explosión del desempleo y de la precariedad en tiempos de crisis.
La severa recesión que golpea el país, por la combinación de una crisis financiera internacional y la explosión de su burbuja inmobiliaria, hizo subir la tasa de desempleo a más del 20% de la población activa. Un récord en la Unión Europea, donde el desempleo promedio es de algo menos de 10%.
Los dos principales sindicatos españoles, UGT y CCOO, hicieron subir la presión ayer al reunir a 16.000 delegados en Madrid para preparar la huelga general. Esta reforma va a "facilitar el despido y debilitar la tutela judicial, lo que va a significar que en una situación en la que somos el país con mayor tasa de paro de Europa, sigamos en el pelotón de los rezagados en el futuro", declaró el secretario general de UGT, Cándido Méndez.
Pese a las protestas, el Gobierno logró que el Congreso aprobara ayer definitivamente la ley, sin sufrir derrotas parlamentarias, pero sin que nadie quiera hacerse la foto con él. Los partidos de derecha y los nacionalistas le dijeron desde la tribuna que la reforma laboral es insuficiente y los de la izquierda llamaron a la movilización en apoyo a la huelga.
Cuando a la salida de la votación le preguntaron al presidente del Gobierno si había superado la prueba de la reforma laboral, explicó que hay que esperar unos meses para ver sus efectos y a que el contenido cale entre empresarios y ciudadanos. Y lejos de sumarse a las tesis de la ausencia de ambiente para la huelga general y a los que auguran un fracaso de la movilización, Zapatero dio muestras de preocupación sobre la protesta. Según dijo en una charla informal con los periodistas en el pasillo del Congreso, hay que esperar aún para hacer estimaciones sobre el seguimiento que tendrá el paro y no infravalorar la capacidad de movilización de los sindicatos.
El opositor Partido Popular se quedó como mero espectador de la fiesta, lo mismo critica la huelga que la reforma laboral y apenas ha publicitado su alternativa. Su estrategia política es la de esperar al desgaste del Gobierno y no arriesgar con propuestas. Consideran que la huelga general es un inconveniente que tendrá que afrontar el Gobierno, aunque obviamente esté en contra del paro.