Ruso dice no ser espía de EE.UU. y quiere volver a Moscú

Acusado. Sutyagin rechaza el exilio en Londres y afirma que no trabajó para la CIA

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LONDRES | THE NEW YORK TIMES

Igor Sutyagin estuvo preso 11 años por espionaje y fue liberado en julio, en el marco de un intercambio entre Moscú y Washington. Sin embargo, este ruso niega tajantemente haber realizado trabajos secretos contra el Kremlin y EE.UU. lo apoya.

Sutyagin estuvo preso durante una década y pudo pensar en lo sucedido: en cómo su trabajo de recopilar información que salía en los diarios sobre las fuerzas armadas rusas podía ser considerado una traición. Ahora que fue intercambiado junto con otros tres prisioneros de Rusia, lucha por despegarse de una acción orquestada para preservar las relaciones entre Washington y Moscú.

Sutyagin fue depositado en Londres, una tierra extraña, y allí le dieron una muda de ropa y 3.000 dólares. Después lo dejaron para que se las arreglara solo: surgió del aislamiento frío de una remota prisión cerca del Ártico para encontrar un mundo nuevo y vertiginoso. Todavía no ha visto a su familia y no se siente bien en Londres. En cierto sentido, dice, cambió de una prisión a otra.

"Recuerdo muy bien lo que dijo Solzhenitsin", expresó Sutyagin, el primero de los prisioneros liberados en hablar con una agencia de noticias occidental. "Dijo: `Mi mayor sueño es despertar algún día como un hombre libre en un país libre`. Esa es una razón por la que quiero regresar a Rusia. Sin eso, mi liberación está incompleta".

De baja estatura y poco cabello en la parte superior de su cabeza, Sutyagin, de 45 años, parece un personaje insólito en un drama que cautivó brevemente al mundo. Mientras los otros tres hombres liberados por Rusia eran funcionarios de carrera de inteligencia, él era un científico que nunca tuvo una habilitación de seguridad.

Durante las 7 horas que duraron las entrevistas que dio en Londres Sutyagin negó firmemente cualquier espionaje. "No, claro que no soy espía", dijo en voz suave pero firme. "Claro que no soy un espía". Parecía consternado al describir la presión que le ejercieron para firmar una declaración que decía lo contrario hace dos meses, cuando los estadounidenses solicitaron su liberación.

"Es un trato muy simple: das tu honor a cambio de tu libertad", señaló. "Si no fuera por mi familia, me habría quedado".

El Departamento de Estado norteamericano dijo llanamente que Sutyagin no era un espía para su país, una exoneración que no dio a los otros tres implicados. Media docena de funcionarios administrativos y de inteligencia de tres gobiernos afirmaron lo mismo en privado.

Entonces, ¿por qué los estadounidenses lo pidieron? La Casa Blanca lo llamó un "gesto humanitario": hace mucho que Amnistía Internacional había declarado a Sutyagin preso político y esta no es la primera vez que Estados Unidos intercambia espías por disidentes.

Sutyagin llegó a la mayoría de edad cuando colapsó la Unión Soviética y conoció a algunos norteamericanos en los años 90. Como joven investigador en armamento en el Instituto de Estudios Estadounidenses y Canadienses en Moscú, Sutyagin asistió a una conferencia en Inglaterra y conoció al representante de Futuros Alternos, una firma británica que asesora a inversionistas en Rusia. Lo contrataron por US$ mil al mes, más que lo que ganaba en su otro empleo, para realizar análisis basados en fuentes públicas como periódicos y declaraciones gubernamentales.

Por ejemplo, uno de esos informes fue redactado con datos de The Washington Post y para otro utilizó declaraciones públicas de funcionarios del ministerio de la Defensa para Estrella Roja, el periódico oficial del Ejército.

Pero en octubre de 1999 fue acusado de traición y enviado a prisión. "Es verdaderamente kafkiano", notó Sutyagin.

Cuando fue interrogado, el ruso intentó responder a la pregunta de si la empresa británica para la que trabajaba no sería un frente de la CIA. "No soy especialista en contrainteligencia (…), pero ¿qué clase de servicio de inteligencia es aquel que se interesa por información publicada seis meses antes en The Washington Post?", respondió el acusado. Según declaró él mismo, las autoridades reconocieron en privado que el caso era falaz: "Claro que me doy cuenta. Pero si admitimos eso y lo dejamos ir, tomaremos su lugar tras las rejas", le habría dicho un investigador.

El 5 de julio, mientras tomaba un descanso de la construcción de un sendero, llegó apurado un funcionario de la prisión: "Junta tus cosas, rápido. Te envían fuera", le dijo.

La cifra

14 Son los espías que fueron intercambiados entre Moscú y Washington este año. Diez estaban en EE.UU. y 4, en Rusia.

Un intercambio que recordó a los celebrados durante la Guerra Fría

Igor Sutyagin es uno de los 4 espías que estaban presos en Rusia por trabajar para Washington y que fueron intercambiados el 9 de julio por otros 10 rusos que vivían en EE.UU. y espiaban para Moscú, en un operativo que recordó a los intercambios de la época de la Guerra Fría.

Tal vez la más famosa de los llevados a Rusia sea Anna Chapman, que la semana pasada concitó nuevamente la atención cuando divulgaron fotos donde aparecía con un vestido corto y muy ajustado.

La peruana Vicky Peláez -casada con el espía ruso Mikhaíl Vasenkov, que decía ser uruguayo y llamarse Juan Lázaro- fue acusada por la fiscalía de su país por falsificación de documentos y corrupción de funcionarios. Rusia le prometió alojamiento, US$ 2.000 mensuales, visas para recibir la visita de sus hijos y la posibilidad de viajar al extranjero, igual que a las otras 9 personas que fueron trasladadas a Moscú tras el intercambio en Viena.

Esa mañana del 9 de julio, cuando el avión donde viajaba Sutyagin se acercaba a tierra, un funcionario ruso les dio las instrucciones: "No digan una sola palabra, no miren a su alrededor, no vean a los otros presos y no gesticulen". AFP Y THE NEW YORK TIMES

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