"Únicamente que le pusieran el nombre para vender jilgueros, si no, no tiene sentido", dice con seguridad don Raúl Barbero, un estudioso de la vida y obra de Carlos Gardel, que ha escrito numerosos ensayos sobre el cantor, y actualmente preside el Museo del Fútbol Uruguayo.
El estudioso hace memoria y recuerda que cuando el sombrero era parte habitual de la indumentaria masculina no se usó el nombre del popular artista. "Era muy común en aquella época que cuando alguien se compraba alguno de esos gachos grises, de ala volcada, que le dijeran enseguida: `te compraste un gacho a lo Gardel`. Pero era sólo una forma de expresión popular, nunca fue una marca".
Barbero no puede evitar cierto escozor al pensar en la utilización del nombre del mítico cantor de tango para designar un producto. "No porque sea algo sacrílego, o cosa parecida, si no porque no me parece que tenga que ver con la figura de Gardel, que sea armonioso con lo que él significó", comenta.
En Tacuarembó, departamento donde se dice fue concebido Carlos Gardel, existen varias dependencias, fundaciones o empresas que utilizan su nombre.
Además del Hotel Carlos Gardel, que está en trámite de registro de la marca para sus rubros de actividad, también está el Museo Carlos Gardel, la fundación que lleva el mismo nombre (organizadora de la Semana Gardeliana).
También llevan su nombre, por ejemplo, la sucursal de supermercados Ta-Ta de ese departamento y una dependencia del Banco República. Incluso la terminal de ómnibus se llama Carlos Gardel. En un momento hubo un canal de televisión que era "Tele Gardel", pero ya no existe más.
La propuesta de que el Aeropuerto Internacional de Carrasco lleve el nombre del Zorzal criollo no ha sido descartada. Pero tampoco evaluada seriamente. Es una tendencia bastante extendida que los aeropuertos lleven nombres de artistas que se identifican con la ciudad (Vinicius, en Rio de Janeiro; John Lennon, el de Liverpool).
En Argentina, además, el galardón "oficial" de la industria de la música es el premio Gardel: una estatuilla diseñada por otro uruguayo, el plástico Hermenegildo Sábat.