Cárceles: Una batalla que aún no es una guerra

Seguridad. La oposición y el gobierno asumen sus roles sin cerrar espacios de acuerdo

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DANIEL ISGLEAS

La situación de las cárceles y seguridad tensó esta semana la relación entre la oposición y el gobierno. No fue, aún, el fin de la "luna de miel". Se vienen instancias de debate -el Presupuesto, la reforma del Estado- y la oposición marcará presencia.

El Partido Nacional y el gobierno cruzaron fuego esta semana por la presunta responsabilidad política del ministro del Interior Eduardo Bonomi en el incendio con 12 muertos en la cárcel de Rocha.

Pese a la dureza de la polémica en torno a la sesión de Diputados del miércoles 14, a la que asistió voluntariamente Bonomi a dar explicaciones, blancos, colorados e independientes consideraron que se trata de una controversia "puntual" y que solo muestra el papel debe jugar cada quien.

El tema cobra mayor relevancia ante las instancias que se acercan, como el debate presupuestal, la reforma del Estado o los cambios en la política tributaria. La oposición sabe que corre el riesgo de quedar, como ocurrió durante la administración Vázquez, en un segundo plano respecto al debate al interior de la coalición de izquierda.

En la visión de la oposición ahora hay una mejor relación con el gobierno que cuando Tabaré Vázquez era presidente. "Mujica consulta y permite que la oposición participe en los entes, hubo negociaciones exitosas en cuatro temas cruciales. Con Vázquez en la Presidencia no hubo nada de eso", señaló a El País el senador colorado José Amorín (Proba).

El propio presidente Mujica dijo hace algunas semanas que a pesar del entendimiento y los acuerdos en el marco de las comisiones multipartidarias, espera una "oposición feroz" a su administración.

El actual Parlamento, a diferencia del anterior, cuanta en primera línea con casi todas las principales figuras de la oposición, entre ellas, el líder colorado Pedro Bordaberry, y los nacionalistas Luis Alberto Lacalle y Jorge Larrañaga.

Por ahora, la percepción general de oficialistas y opositores es que el clima no se ha estropeado definitivamente. Hoy existe un "ambiente" que evita problemas menores, pero las diferencias que sean sustanciales van a presentarse y asumirse como tales en la dialéctica entre la oposición y el gobierno.

Pública o reservadamente, en todos los partidos de la oposición, se reconoce que hay "diferencias naturales" con el Frente Amplio que irán mostrando una relación con altibajos en que cada uno asumirá el papel que le corresponde.

LUZ AMARILLA. Para algunos actores principales, el enfrentamiento por los problemas en el sistema carcelario deja más que una secuela. Si bien la gravedad de la cuestión carcelaria viene de largo tiempo atrás -el propio ex presidente Vázquez admitió esta semana que parte de la responsabilidad es de su administración-, el incendio en la cárcel de Rocha encendió de parte de la oposición "una luz amarilla" para el gobierno, según señaló el senador de Alianza Nacionalista, Sergio Abreu. La forma de actuar de la bancada nacionalista será ahora, la de "buscar cómo encauzar el problema, pero sin decir que no pasó nada", por lo que se puede esperar, al menos, una relación más fría, apuntó Abreu,

Por lo pronto, el episodio no ha creado una crisis institucional, aunque falta todavía la interpelación a Bonomi el próximo miércoles 28, que se augura será tensa. Sin embargo, el incendio en Rocha no quedará en el olvido para la oposición. "El que crea que buena relación es sinónimo de mordaza, se equivoca", aclaró el senador herrerista Gustavo Penadés.

Otros nacionalistas, en reserva, señalan que los cargos que otorgó el gobierno a la oposición "no tapan ninguna boca" y sus dirigentes marcan la diferencia entre el grado mínimo de compromiso de desempeñar una función de contralor en el Estado -tal como establece la Constitución-, y el nivel máximo de coparticipación, que sería integrar el gabinete.

Desde la oposición la lectura que se hace es que es posible que la opinión pública haya idealizado un "clima equivocado" gracias a la buena sintonía entre los partidos demostrada en los primeros meses de la administración Mujica.

Algunos nacionalistas creen que, en general, se confunde cuál debe ser el papel de la oposición, sobre todo por su integración a los entes y otros organismos públicos. "Participar en los entes y firmar acuerdos programáticos no supone vivir en silencio y aprobar todo por consenso. Eso no significa decir que sí a todo o decir que no a todo", se señala.

El clavo. También se reconoce que hacer oposición con un presidente con tan alto nivel de popularidad y aceptación como Mujica no es tarea fácil. "Es como patear contra el clavo", explicó a El País un integrante de la oposición.

El diferendo inicial en torno a la política carcelaria "se sabe dónde empezó, pero no dónde termina", se señaló a El País en tiendas blancas.

La elaboración del Presupuesto es otro foco potencial de disenso en el corto plazo, dado que el Partido Nacional quiere tener participación con ideas concretas, le reprocha al gobierno el aumento del gasto público, y el oficialismo no ha dado señales de cómo actuará.

Otros nacionalistas consideran que la "tónica" de cuándo y hasta dónde avanzará el deterioro en la relación la dará el presidente Mujica. Y que los ámbitos de negociación interpartidaria creados por su iniciativa actuarán como "amortiguador".

El diputado Álvaro Vega (MPP), por su parte, sostuvo que el incidente por la situación carcelaria "no es el fin de un romance", porque éste nunca existió.

"La gente malinterpretó: nunca hubo romance. Mujica plantea en su estrategia incluir a la oposición en las empresas del Estado, pero el precio nunca fue que la oposición no pueda hablar o hacer lo que les parezca", aclaró.

Pablo Mieres, presidente del Partido Independiente señaló: "Pensamos diferente del gobierno en muchos temas". Por eso, reivindicó el derecho de la oposición a plantear sus discrepancias. "Cuando el gobierno se equivoca es deber de la oposición señalarle el error".

A la situación carcelaria, a los déficit en la seguridad pública y al debate de la prioridades presupuestales y del gasto público ya comenzaron a sumarse las polémicas por la reforma del Estado que esboza el gobierno. Se trata de cambios que serán resistidos por los sindicatos públicos, pero a los que los partidos de oposición no querrán mantenerse ajenos.

Gobierno insiste en política de Estado

Desde el gobierno se emiten señales de recomposición de relaciones con la oposición. "Aunque se rompa el clima de diálogo, el acuerdo multipartidario por seguridad se llevará adelante porque se necesitan políticas de Estado", dijo el ministro del Interior, Eduardo Bonomi. "Me preocupa cuando un tema trágico se transforma en hecho político. Fue cuando me llamó (el diputado Herrerista, Gustavo) Borsari a comisión y (su correligionario, José Carlos) Cardoso dijo que no era la hora de cobrar cuentas. Pero dos días después me convocó a una interpelación", se lamentó.

Bonomi asistió al Parlamento el pasado miércoles en régimen de Comisión General para informar sobre los hechos de Rocha, pero la bancada del Partido Nacional quería una interpelación y se retiró de sala tras la exposición del ministro. Estimó que esta instancia parlamentaria solo permitía exponer in extenso a Bonomi, pero acotaba las intervenciones de la oposición.

El diputado de Rocha, José Pedro Cardoso, será el legislador interpelante el miércoles 28.

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