Desde el viernes están habilitadas en las salas de exposiciones del Ministerio de Transporte y Obras Públicas (Rincón 575) las muestras simultáneas de Esteban Smerdiner y Darío Gómez, dos pintores que frecuentan el género del retrato.
Darío Gómez, nacido en Las Piedras en 1970, se formó en el taller de Dumas Oroño y en la Escuela Nacional de Bellas Artes. Expone regularmente desde 1991, una trayectoria que registra numerosas muestras individuales, su participación en unas cuantas colectivas y la realización de murales en distintas localidades del país, ubicados en espacios públicos, escuelas y edificios comerciales. Hasta la fecha, Gómez ha exhibido su obra pictórica en Sauce, Treinta y Tres, Montevideo, Las Piedras y Rio Grande do Sul.
Es actualmente un retratista sui generis, que trabaja mayormente sobre una red de líneas negras, trazadas como una maraña en torno a la figura humana, que el ojo del observador adivina a través de ese dinámico tejido como si la presencia central de cada obra estuviera atrapada en él.
Este artista aparece ante todo como un vigoroso dibujante, moviéndose con visible soltura en su modalidad, a la que no le falta algún leve toque de humor para enmascarar los personajes que propone. Con mayor detenimiento, por detrás de esas apariencias hay también ciertos sesgos de dramatismo y de emotividad para componer esas siluetas enredadas, que tienen un parentesco con el tratamiento que Francis Bacon confería a sus criaturas y con la desfiguración que les imponía en su desgarramiento. La libertad con que Gómez aplica sus trazos, en medio de alguna mancha de color plano y de algunos chorretes, tiene su impacto e individualiza enérgicamente su labor.
LEJOS Y CERCA. Esteban Smerdiner, nacido en Montevideo en 1972, estudió en el taller de Clever Lara y en el taller de Carlos Seveso y Carlos Musso que integra la Escuela Nacional de Bellas Artes. Ejerce no sólo su dedicación pictórica sino también la docencia desde el año 2000, actividad que ha desempeñado en distintas instituciones públicas y privadas hasta el día de hoy, incluido desde el año pasado su propio taller.
Lo que frecuenta es un tipo de retrato de afinada técnica pero alejado del naturalismo descriptivo, inclinándose hacia cierta depuración (en los fondos, en la resolución de las figuras) que les presta un entorno de subjetividad. Sus trabajos tienen el clima de un relevamiento doméstico, una secreta familiaridad con sus modelos y una brisa de intimidad, pero al mismo tiempo una síntesis que les otorga un velo de distanciamiento que transmite mayor unidad a la selección exhibida. La sensación de inmovilidad que contagia a sus figuras parece desafiar al paso del tiempo e instalarse en un punto indefinible entre pasado y presente, algo que aparece acentuado por los fondos tratados con el esfumado geométrico de volúmenes y planos sin definir.
La apariencia de vida en suspenso que emana de sus obras se corresponde con la frase en inglés still life, utilizada para denominar en ese idioma a la naturaleza muerta como género en pintura, porque el vocablo still refiere a quietud, sosiego, calma e incluso silencio. Ninguna palabra mejor que esa para ubicar a los trabajos de Smerdiner.
En un período como el actual, donde no todos los organismos oficiales cumplen con la divulgación y el apoyo que merecen las artes plásticas, la tarea desplegada por la Sala Carlos Federico Sáez y los restantes espacios de exposiciones en la planta baja del Ministerio de Transporte y Obras Públicas, debe destacarse por su continuidad, el espíritu selectivo de sus temporadas y el respaldo que presta a nuevos talentos. Coordinadas por María E. Yuguero, esas actividades son un pequeño modelo para ser imitado por otras reparticiones del Estado y de paso constituyen un estímulo para los expositores.
Muestra: Podrá ser visitada hasta el 10 de agosto, de lunes a viernes, de 9.30 a 18.