Mirar los partidos del fútbol genera pérdidas económicas en el mundo

Cálculo. Dejan de producir millones por no trabajar cuando juega su país

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NEWSWEEK

Aún cuando Brasil no es el anfitrión, l a Copa del Mundo tiene en su interior profundos costos sociales y económicos: un estudio calcula que pierde US$ 1.200 millones por cada partido que juega su selección.

El cartel pegado en la ventanilla del cajero en un banco de Rio de Janeiro no dejó dudas: Cuando Brasil juega, la atención al público finaliza a las 14.00 horas. En algunas escuelas se adopta una actitud más circunspecta: si la selección auriverde pasa a la segunda fase, se suspenden todas las clases. Así es Brasil, el país que ha conquistado cinco veces la Copa del Mundo, donde los chicos de las favelas transformaron un pasatiempo del siglo XIX de los señores británicos en un ballet sobre pasto del siglo XXI.

Muchos comercios cierran por la tarde cuando se disputan partidos de la Copa del Mundo y los bancos reducen la atención al público tres horas. Dios puede ser brasileño, como dicen los habitantes de Brasil, pero hay que tener mucha suerte para encontrar una Iglesia abierta los días de partido. Hasta las bandas de narcotraficantes que están en guerra en las colinas de Rio hacen una tregua cuando la pelota comienza a rodar, aunque las balas perdidas pueden ser un problema cada vez que Brasil convierte un gol.

Nadie sabe cuanto costará esta obsesión futbolera a los brasileños y a otras naciones. Willem Smit, investigador del prestigioso Instituto de Administración y Desarrollo (IMD), con sede en Lausana, Suiza, sacó la tarjeta roja a toda la cultura de la Copa del Mundo.

Smit estimó que si la mitad de la fuerza laboral de las naciones que compiten se dedica a alentar a sus selecciones durante los partidos del Mundial, el costo para la economía global será de US$ 10.400 millones, sólo por concepto de tiempo de producción perdido.

Esa cifra podría duplicarse si todos los trabajadores de los países competidores deciden no desarrollar sus actividades para alentar a sus respectivas selecciones, lo que no parece tan disparatado como podría pensarse, teniendo en cuenta que la Copa del Mundo atrae a más de 1.000 millones de espectadores a través de la televisión en todo el planeta.

"Permitir a las personas que se tomen horas libres para mirar los partidos de fútbol en horario laboral simplemente es demasiado costoso, inoportuno e injusto", indicó Smit durante un debate online sobre la Copa.

Esas cifras no sólo parecen drásticas, sino obra de alguien a quien no le gusta el fútbol, pero es probable que Smit esté subestimando el daño económico. Por un lado, construyó sus proyecciones sobre la base de matemáticas, calculando el PIB generado en cada hora de trabajo y luego multiplicándolo por el total de horas que sacrificarían los diferentes negocios durante los partidos que dispute cada selección.

Las pérdidas globales, que Willem Smit divide país por país, se refieren sólo a los 48 partidos que se juegan en la fase de grupos, durante las dos primeras semanas de la Copa. Puede imaginarse la caída de productividad que se registrará cuando comience la disputa de la segunda fase del campeonato del deporte más popular del mundo.

Según los cálculos de Smit, México y Alemania serán los más golpeados debido a que podrían sacrificar US$ 1.700 millones cada uno por horas de trabajo perdidas, siempre que se cumpla con la condición de que la mitad de la fuerza laboral se dedica a la holganza para alentar a su selección.

Muy cerca se sitúa Brasil, que podría perder US$ 1.200 millones a medida que sus trabajadores dejan los escritorios y optan por la mesa del bar o el sillón de su casa.

El único motivo por que cual la tierra de Robinho y Kaká no perderá más ingresos es porque los trabajadores brasileños simplemente no generan tanta riqueza por hora de trabajo como sus contrapartes europeos. Los argentinos renunciarán a US$ 485 millones sólo para ver a sus jugadores con la casaca albiceleste.

VENTAS. Pero Smit tiene críticos. Karsten Jonsen, también de IMD, argumenta que la Copa del Mundo generó riqueza por la vía de empleos en la construcción y hasta un millón de turistas al país anfitrión, además de un efecto de impulso por US$ 12.000 millones que repercutirá en toda la economía de Sudáfrica.

También están las ganancias menos tangibles, como son la buena voluntad, los vínculos amistosos y la bonhomía que ayudarán a dar dividendos a las empresas al forjarse un espíritu de grupo positivo en el lugar de trabajo. "Las personas tienen necesidad de sentir que pertenecen a grupos y países con los que pueden identificarse", afirma Jonsen. "Ver los partidos de fútbol es parte importante de eso, debido a que fortalece el sentido de pertenencia".

Eso no constituye una novedad para Brasil, un "país con tapones de fútbol", como dice el folklore nacional. Si bien la economía general puede ser afectada cuando los hinchas se toman libre para seguir a su seleccionado en acción, algunos sectores todavía tienen resultados como los que consiguió Pelé en el área chica.

Los comercios de electrodomésticos vieron una verdadera corrida de compradores de televisores de pantalla plana durante las semanas previas a la Copa del Mundo, mientras las cerveceras estiman que venderán tanta cerveza durante el mes de duración de los partidos en Sudáfrica como en la totalidad del verano. Esas cifras hasta pueden ser apreciadas por un detractor del fútbol.

Las cifras

10.400 Son los millones de dólares que Smit estima que se perderían si la mitad de la fuerza de trabajo de los países mundialistas los mira.

12.000 Son los millones de dólares que los expertos estiman que tendrá el Mundial como repercusión en toda la economía de Sudáfrica.

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