"El fútbol es una metáfora de la vida", señaló el obispo de Salto, monseñor Pablo Galimberti, en una columna titulada "¡Arriba la celeste!" que publicó ayer en la página web de la Iglesia Católica.
"La atracción por el fútbol tiene hondas raíces y dice mucho sobre lo que cada uno es", señaló. "En efecto, la vida no se rige sólo por obligaciones sino también por lo que es libre, se ritualiza en el juego, demanda competencia y superación", agregó.
Para Galimberti, los juegos "también pueden asumir el valor de una ofrenda", cuando los rivales "ofrecen o dedican a un ser querido o a un ser superior" todo el "derroche de energías" en el juego. "Ojalá que algo de esto ocurra también en estos días", afirmó.
El obispo consideró que por estos días "el fútbol es un sentir colectivo que aproxima a todos los uruguayos, sin mirar edades, condición social, ocupación, ciudades o rincones del mundo en que se encuentren", y afirmó que "si el lenguaje sustenta una cultura, ciertamente que el fútbol se ha ganado un lugar".
Expresiones como "sudar la camiseta", "sacar la tarjeta roja" o dejar a alguien en el "banco de los suplentes", ilustran que el fútbol es "una metáfora de la vida", según Galimberti.
El obispo señaló que en las sociedades antiguas, "los grandes juegos públicos alcanzaban una gran influencia social y psicológica. En torno a ellos cristalizaba el sentimiento cívico y nacional. Eran el vínculo que unía a una comunidad. Incidían en la vida privada como en la pública y los distinguía de los `bárbaros`".
Además, agregó que "durante el tiempo de los juegos se suspendían guerras, ejecuciones capitales y embargos judiciales. Era tiempo de tregua. Días consagrados generalmente a los dioses tutelares de las ciudades y confederaciones".
"El juego tiende a sustituir la anarquía en las relaciones humanas haciendo pasar de las reacciones humanas silvestres a los vínculos propios de un nivel civilizado", comentó. "En el respeto de las reglas, el juego permite manifestar la espontaneidad y adecuar las reacciones más personales a las exigencias exteriores", indicó.
Además cree que "la dinámica del juego, cualquiera que sea, está metida en lo medular de cada uno y se asemeja con la vida real", ya que es un "simulacro, donde el adversario representa desafíos, expectativas, obstáculos para afrontar".