Con una apuesta a la profunda renovación

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Bien sabido es que el Ballet del Sodre -que este año llega a su aniversario número 75-, se ha convertido en una suerte de "Cenicienta". Esto impone una inyección de ideas, acciones, estrategias que tengan como meta la renovación. Así es que Bocca ha planeado "llegar a tener más de 60 funciones al año", con un repertorio marcado por la inclusión de diferentes lenguajes.

Y este, precisamente, fue el objetivo de su reciente reunión con Drexler. "La idea es que haga una música más conectada con el candombe, para una obra de media hora, aproximadamente. Una de las cosas que hice en Argentina fue tratar no sólo de hacer las obras clásicas sino de incorporar música más popular, otros estilos para, de alguna manera, atrapar públicos más jóvenes. Jorge (Drexler) es un músico conocido mundialmente, uruguayo, y con él vamos a trabajar igual que con Bosquimanos Koryak, la compañía de teatro negro, para una nueva producción de el Cascanueces".

En definitiva, "tratar de hacer cosas con los artistas que hay acá, además de seguir trayendo figuras del exterior que también es bueno y necesario". A lo que agregó: "eso es lo bueno que tiene el arte: poder amar, viajar, ir más allá de ciertas fronteras rígidas. Que después salga o no, es otra cosa. Pero por lo menos tenemos la libertad de intentarlo".

Esta idea, además, viene de la mano de otro principio fundamental: romper las fuerzas que encorsetan al ballet como una práctica artística destinada a los "entendidos". "La danza es un arte y por tanto es para todos. Después si te gusta o no es cuestión de cada uno. Pero para que ello ocurra hay que crear las facilidades para que la gente tenga opciones para apreciar y decidir".

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