El mensaje de mayo

Javier GarcÍa

El mensaje fue claro y además fue enseguida. No hay victorias absolutas y menos poderes absolutos otorgados por la gente. El balotaje de noviembre fue una opción binaria que como tal no permite matices ni grises, pero apenas los uruguayos tuvieron oportunidad de relativizar aquel resultado lo hicieron.

El gobierno nacional en manos del Frente Amplio y la mayoría de los gobiernos departamentales, que significa también la administración sobre la mayoría del territorio, estará en manos de la oposición y sobre todo del Partido Nacional. Los uruguayos equilibraron.

Votó el mismo universo de personas pero lo hizo lo suficientemente distinto que siete meses antes, como para que el poder se pudiera distribuir mejor. En noviembre el Partido Nacional convocó al "equilibrio". Fue un mensaje que no caló, y no lo hizo por la sencilla razón de que en octubre los electores le otorgaron mayoría parlamentaria al FA. Era muy difícil convencer de que se podía gobernar con un Poder Ejecutivo de un partido y un parlamento con mayorías de otro. Era un equilibrio realmente inestable. Esto de las departamentales es más real.

No hay una sola razón para explicar el resultado: desde los premios a gestiones modernas y eficaces llevadas adelante por intendentes nacionalistas en departamentos donde en las elecciones nacionales del 2009 el Frente Amplio ganó por miles de votos y ahora perdió por otros tantos, o el castigo a intendentes frentistas que fueron electos en 2005 luego de una ola político-emocional posterior a la primera victoria nacional del FA que arrastró otras departamentales pero que después éstos no supieron concretar. El electorado interpretó la Constitución con profundidad de constitucionalista y votó con habilidad de cirujano. Separó la elección nacional de las departamentales, aplicando la reforma de 1996. Incluso en Montevideo, donde todavía la gente vota a Partidos y no gestiones, empezó embrionariamente este proceso de separación.

Aplicó también el balotaje departamental que aunque no existe en la letra, lo instauró en los hechos. La gente buscó que su voto fuera eficaz y resolviera la elección. El dato es importante porque va a ser una tendencia que va a perdurar. Esto, además, tiene sentido y es natural porque no responde a coaliciones cupulares en contra de nadie sino de decisiones personales y libres a favor de algo o alguien. Las voces respetables que se escuchan a favor de fusiones partidarias carecen del fuego de la realidad. Los electores no están "tizados para consumo" ni hacen lo que deciden cuatro o cinco en una sala, sino lo que quieren y cuando lo quieren. Los partidos deberán elegir bien sus candidatos y abrir la participación popular en su elección porque los ciudadanos no están más cautivos de los dirigentes y tampoco de los partidos.

El diputado nacionalista Juan Curbelo me decía que en las departamentales triunfó la humildad sobre la soberbia. Y tiene razón, luego de 2009 en el FA creían que le habían puesto candado al Uruguay y se habían tragado la llave. La corrupción del alma se llama soberbia. A algunos dirigentes frenteamplistas les ocurrió.

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