AP-El alto | Desde la calle llega el bullicio de un mercado popular, pero nada distrae a un grupo de jóvenes y niños de rasgos indígenas que danzan ballet clásico al compás de una música de piano que llega de un equipo de audio.
Los bailarines de deslizan en puntillas con zapatillas gastadas por un frío piso de madera y parecen flotar en el éxtasis de la música. En esta ciudad, vecina de La Paz, la más indígena y una de las más pobres del país, echó raíces entre jóvenes y niños de origen aymara una escuela de ballet clásico.
Aunque la escuela ya lleva algunos años, los alumnos practican en improvisadas aulas al lado de oficinas en la alcaldía de El Alto, bajo la dirección de Mónica Camacho, una talentosa bailarina boliviana formada en la escuela del teatro Bolshoi.
"El ballet clásico nació en los palacios, pero es un lenguaje universal que no tiene fronteras sociales ni culturales``, dice Camacho. "Al principio había cierta resistencia porque el torso desnudo, la ropa ajustada al cuerpo no es parte de la cultura aymara``. Si bien el repertorio que transitan es variado, al público le encanta la Suite andina, una coreografía creada por Camacho que funde la danza clásica con el folclore andino.