Hazaña poética de un realizador

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En el campo de la literatura, el significado de un poema no se entrega de manera explícita. Es preciso leerlo y luego pensar detenidamente en él, hasta que el contenido comienza a abrirse como si se iluminara poco a poco por dentro. Algo de eso ocurre con esta película coreana, cuyo lenguaje también está codificado, obligando al espectador a avanzar lentamente a través de él, partiendo de los datos exteriores que ofrece el tema, para poder llegar al centro de lo que cuenta la historia: una joven escultora en medio de un grupo familiar con marido e hija, una casa luminosa donde la mujer cocina sus obras pero donde las relaciones humanas parecen congeladas, como reverso del horno donde fragua la producción de esa artista.

Lo llamativo es el silencio de la mujer, que rechaza a su marido pero busca misteriosamente la compañía de un condenado a muerte en una prisión cercana, insinuando con esa conducta el camino inexplicable por donde circulan los sentimientos. Luego, en un relato con más sugerencias que hechos concretos, habrá otros silencios y otras condenas, a través del ciclo de las estaciones, para entender lo que ocurre en esta metáfora sobre el amor, la vida, la creación y la muerte. No es nada fácil internarse en esa materia, armada por el notable realizador Kim Ki-duk, pero quienes sepan tomarse el trabajo descubrirán las emociones que encierra esta proeza de un poeta del cine.

Aliento

Ficha

Corea del Sur 2007. Título original: Soom. Guión y dirección: Ki-duk Kim. Fotografía: Jong-moo Sung. Edición: Su-an Wang.

Atención a...

los actos de teatro improvisado con que la protagonista seduce al condenado, transformando una celda en un jardín. Allí está la clave de una remota cultura, difícil de descifrar para espectadores occidentales, pero en el fondo llena de significados y de fascinación.

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