LA PAZ | ANSA Y AFP
El presidente boliviano Evo Morales enfrenta una de las huelgas más grandes desde que llegó al poder hace cuatro años: las organizaciones sociales realizaron un paro de 24 horas que terminó con una docena de trabajadores presos tras un enfrentamiento con la policía.
"Esta represión es peor que la de las dictaduras. Nos han querido intoxicar", declaró Martín Ajacopa. Los oficiales rociaron con gases a los trabajadores fabriles que realizan una huelga de hambre que ayer cumplió diez días. También enfrentaron marchas de trabajadores de la salud, educación, universidades, gremiales y de las minas estatales que pretendían ingresar a la plaza principal y paralizaron el centro de La Paz lanzando petardos de dinamita al aire.
En Cochabamba, en el centro del país, la movilización fue "una marcha fúnebre" para pedir al gobierno que "entierre" el aumento del 5 por ciento a los salarios. Los trabajadores de los distintos sectores reclaman a la administración de Morales que aumente los sueldos un 25%, tal como había prometido.
Pero el gobierno reiteró su negativa a dar un aumento mayor, argumentando que podría desatar un proceso inflacionario incontrolable, y amenazó con descontar el día no trabajado a los huelguistas, cuya protesta considera ilegal. El ministro de Economía, Luis Arce, informó que se invitó a los trabajadores a dialogar, pero lamentó que no hubo eco.
"El salario no tiene que ser la única preocupación, hay otros sectores de la sociedad boliviana que requieren el apoyo del Estado boliviano con inversiones, con generación de empleo, con generación de actividades productivas, caminos, eso es lo que básicamente queremos hacer", dijo Arce.
A las protestas sindicales se sumó una huelga de hambre de esposas de policías que rechazan que la subida a sus sueldos sólo sea del 3%. "Mi esposo apenas gana US$ 141, que no alcanza para nada", aseguró una mujer huelguista, entrevista por el canal Unitel.