ALEJANDRO NOGUEIRA
El fallo de La Haya deja en la boca del mazo argentino la solución al corte del puente pero, del lado uruguayo, coloca un tema -si se quiere menor-, pero igualmente espinoso: el voto a Néstor Kirchner para la Unasur.
Se trata de dos jugadas casi simultáneas que comenzarán a develarse en el festivo encuentro que se espera entre José Mujica y Cristina Fernández.
Esta primera larga etapa del conflicto binacional deja múltiples lecciones que exceden las posibilidades de este análisis. La postura no pizarrera de Uruguay, el encolumnamiento de los partidos políticos tras el gobierno, la asunción del incumplimiento procesal -no por ello irrelevante- de las obligaciones del Estatuto del Río Uruguay, hacen honor a las mejores tradiciones de nuestro "estado tapón". Es sabio no refregarle al gobierno argentino algunos tramos del fallo.
La comprensión benevolente (en lo interno) del pragmatismo de la administración Batlle de saltearse el posible tropezón de la inversión pastera en la CARU, no evitan, con el "diario del lunes", aquilatar la inconveniencia de que un país pequeño y aferrado a la legalidad internacional como autoprotección, incumpla un tratado. La mancha quedó, pero los uruguayos no debemos olvidar que todos los partidos políticos respaldaron los pasos de Batlle, los de Vázquez, y ahora los de Mujica.
Si Batlle erró, fue por desconfianza hacia los veleidosos gobiernos argentinos y era consciente que ese país disputaba la gran inversión. Para la reflexión queda la cuestión de si organismos como la CARU son la expresión de una evolución positiva de la institucionalidad en las relaciones internacionales, o un mero organismo dependiente del gobierno de turno donde colocar, por excelentes estipendios, a algunos amigos políticos sin destino electoral. Por algo Edison González Lapeyre, que algo sabe del tema, aboga por elegir a avezados diplomáticos y expertos en derecho internacional. La designación del embajador Francisco Bustillo en la Comisión Administradora del Río de la Plata va en el buen camino.
La dinámica que se instaló en el conflicto en la etapa Vázquez es por todos conocida, pero su médula estuvo en un error inicial: creer en las "amistades ideológicas" en política exterior. Es este un gran "dato" hoy para Mujica.
La amigable Cristina parece tan bien dispuesta a la reconciliación como el campechano Mujica, pero levantar el corte no será una tarea gratuita. Y Argentina es un tigre lleno de manchas, mientras que Uruguay quiere ser un esponjoso e impoluto cordero.
La Unasur es, por ahora, un dudoso y reiterativo mecanismo de ¿concertación? latinoamericana que se superpone a otros más prestigiosos. Ni siquiera Uruguay lo ha convalidado y nadie sabe a ciencia cierta adónde va en medio de sus efluvios bolivarianos.
Néstor Kirchner no aplica para la secretaría general si lo que el subcontinente quiere es un instrumento de negociación y prestigio.
El voto uruguayo a Kirch-ner puede ser un peaje. Uruguay necesita, por razones muy distantes a la afinidad ideológica, normalizar las relaciones con Argentina. Ojalá lo haga con dignidad.