SEBASTIÁN AUYANET
Un programa del Centro Politécnico de Formación Laboral de Casavalle prepara adolescentes que viven en contextos desfavorables con materias que utilizan el arte y la formación en carácter y personalidad para garantizar una mejor inserción laboral.
Hoy, cuando el equipo de trabajo del Centro de Apoyo al Desarrollo Integral entregue las conclusiones de su trabajo al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se cerrará un ciclo de tres años en el que se desarrolló un proyecto de formación para la inserción laboral de mujeres adolescentes que hayan desertado de la formación secundaria. El objetivo es propiciar un puente entre la oferta laboral con perfil de exclusión social y de la demanda de empleo, facilitando la inclusión.
El centro, que opera en el barrio Casavalle desde 1992, ya tiene a sus primeras 12 egresadas del programa de tres años de duración. Pasaron por una formación especializada en "competencias transversales" y su aplicación en pasantías profesionales en empresas que firmaron convenios con el centro. "La idea era dar ese tipo de herramientas para el trabajo. Lo de las competencias transversales apunta directamente al comportamiento interpersonal", explicó Laura Zanolli, directora del centro.
"Aquí intentamos formar en las aptitudes para trabajar, con capacidades que no pueden desarrollarse en su propio entorno por las condiciones que tiene o en un liceo público, una cantidad de cosas que tienen que ver con el comportamiento. Pensamos cuestiones de inserción laboral, pero siempre con el ciclo básico hecho para no bajar el nivel académico".
Las materias más novedosas del programa, que este año tendrá sus primeras doce egresadas, se llaman Vivencia del Arte, Carácter y Personalidad y Nuevo Enfoque del Trabajo.
"Vivencia del arte me acercó a hacer cosas, como armar un corto, que me permitió darme cuenta de que lo que más me gustaba era lo audiovisual, y ahora estoy tratando de capacitarme en eso" contó Daiana, egresada en Educación Inicial que mezcló sus tres años en el politécnico con estudios en UTU y quedó trabajando en el centro CAIF. También se trabajan mucho las habilidades lúdicas y el desempeño en equipo.
La experiencia del CADI detectó que próximo a la mayoría de edad, la vida educativa en secundaria señala parámetros que muchos adolescentes en contextos críticos no pueden resolver. "Nosotros detectamos que vos, con 18 años, podés tener terminado el ciclo básico y conseguir un trabajo. Aquí hay mucha fantasía sobre el sistema educativo formal que impone estudiar muchos años para después buscar un trabajo, pero en este caso lo necesitan con mucha premura", afirmó Zanolli.
Según el informe, los resultados del programa son exitosos incluso en el caso de las deserciones. La investigación final permitió comprobar no sólo que un 90% de las alumnas del politécnico recibió una oferta laboral estable, sino que además un importante porcentaje del índice de deserciones fue motivado por la búsqueda de otro tipo de estudios o por la obtención de un trabajo. "Se convocó a las empresas a probar con las alumnas, a tomarlas, devolverlas y opinar. Tenemos el caso de una chica que entró a Moviecenter porque tenía que trabajar, vivía con su abuela y era ella la que aguantaba la casa limpiando, necesitaba independencia y hoy ya subió varios puestos. Las empresas las aceptaron porque venían del politécnico, pero luego se dieron cuenta de que eran más que válidas para trabajar".
Si bien el enfoque de esas materias es altamente personalizado, hoy CADI trabaja con dos grupos de 35 alumnos cada uno: el modelo podría ser fácilmente reproducible en otros centros, afirman. "Las cifras demuestran que esto es una alternativa válida", subrayó Zanolli.
El proyecto, que se financió al 50% con US$ 150.000 de parte del BID y la otra mitad por parte de privados conseguidos por CADI, tiene cubierto sólo un año más de funcionamiento. Hay pocas chances de que el BID lo renueve ya que ésta es una de sus últimas colaboraciones importantes con privados; el nuevo objetivo del banco es apoyar políticas de Estado.
La idea ha sido perfilarse como un proyecto replicable, cosa que no ha tenido eco. "No hemos logrado que se mire con seriedad como un proyecto replicable. Que el estado lo reconociera como una tecnicatura o por lo menos a la altura de UTU. Que estuviéramos apoyados por el Estado", enfatizó.
"Si el Estado dice que esto es muy caro, me gustaría saber cuál es el costo de reinscribir constantemente a un alumno que fracasa continuamente. No tenemos elementos para comparar, estamos en un imaginario en el que a una persona le puede parecer bien y a otra no".
Deserción e inserción en cifras
Aunque sólo un 29% de las jóvenes que iniciaron la tecnicatura en el politécnico la terminó, la deserción no se considera fracaso: quienes se iban estudiaban otra cosa o conseguían un empleo. La cifra de repetición de ciclo básico es 32 veces mayor en un contexto muy desfavorable que en uno muy favorable, según cifras del Instituto Nacional de Estadística.
Las cifras del Politécnico no registran repeticiones: un 97% de las estudiantes logran aprobación total luego del período de exámenes de febrero, según datos del informe final.
"Los jóvenes de entre 15 y 18 años de la zona tienden a permanecer con el liceo como plan prioritario, con base en un imaginario de la presunta conveniencia de culminarlo que no es avalada por su experiencia y que por lo tanto en la práctica se traduce en frustración, desmotivación, alienación", señala el informe final del CADI.
En 2007 se vincularon unas 14 empresas para trabajar desde sus áreas de Responsabilidad social con el Politécnico. en 2009 ya llevan 42 incorporadas.
En el curso del año 2010, un 38% de las horas docentes del politécnico se realizaron en base a voluntariado, del cual el 20% fue aportado por las empresas para el área de Formación Laboral.