Jóvenes uruguayos que suman seis ceros

Clave. Hacen lo que les gusta y perseveran aunque al principio el negocio no funcione

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LUCÍA BALDOMIR

Jóvenes que facturan millones por sus empresas o que las venden en seis ceros parecen de otro país; sin embargo, en Uruguay, también existen. Se quejan de la falta de apoyos pero garantizan que el éxito pasa por hacer lo que les gusta.

Mathias Bartram factura US$ 2,5 millones en su tienda de ropa de surf La Isla. "No fue fácil", dice el empresario que hoy tiene 36 años. A los 25 decidió plasmar su pasión por el surf en un negocio y le fue bien.

"La clave es hacer lo que te gusta. Yo no tenía experiencia, lo que más me ayudó es que me encanta lo que hago", señala.

Cuando comenzó, Bartram no pensaba en crear una empresa de un US$ 1 millón. "Hay que pensar en hacer lo que te gusta sin plantearte metas ambiciosas, sobre todo con la facturación porque cuando uno crea una empresa de cero tiene que ser más ambicioso en el producto que hace", explica.

El entonces joven de 25 años creó la marca de indumentaria de surf Oz y comenzó a vender al por mayor en varios locales. "Cuando arranqué tuve un socio dos años, un amigo al que en 1999 le compré la otra parte y seguí solo", cuenta. Para iniciar el negocio pidió un préstamo de US$ 10.000 en un banco pero como le pedían una garantía de inmueble la que terminó sacando el crédito fue una tía. "Sin duda tenía bastante miedo cuando empecé porque pensaba que no iba a vender nada o que la competencia me iba a robar la idea", afirma.

Además del apoyo de la tía, Bartram sostiene que tuvo "la suerte" de que en el Montevideo Shopping le dieran una oportunidad para instalar una isla de seis metros cuadrados. "Hay poca gente que apuesta a los emprendedores. Generalmente te dicen que trabajes con tu papá o que termines la facultad o que consigas un trabajo en una multinacional o en un banco; es como que no hay ambiente para ser emprendedor", dice el joven que hoy forma parte del programa Promesas de Endeavor.

Con el éxito en la mano Bartram no piensa en vender. "No me cierro a escuchar ofertas, puede ser interesante incorporar socios que sumen valor pero no emprendería otra cosa", dijo.

Otro caso es el de Pablo Salomón y su socio Andrés Szafrán que contrario a lo que pretende Bartram, en febrero pasado vendieron su empresa en más de US$ 1 millón -aunque no confiesan la cifra- y hoy son empleados de su comprador, Geodesic Systems, que cotiza en Bolsa.

Cuando arrancaron, Salomón tenía 23 años venía de trabajar en Sillicon Valley para Adobe y contaba con ahorros más el apoyo familiar. Así nació EspacioInteractivo.com que luego se transformó en Interactive Networks Inc. con el objetivo de desarrollar y comercializar soluciones de mensajería instantánea para empresas, telefonía celular y sitios web.

Para Salomón que hoy tiene 34 años, la clave del desarrollo de su empresa fue "la perseverancia, hacer lo que nos gusta y la flexibilidad, porque tuvimos altibajos fuertes pero siempre quisimos tirar para adelante".

"En su momento era la época del boom de Internet e imaginábamos millones de usuarios pero en la práctica fue muy difícil lograrlo. Cambiamos el modelo de negocios varias veces", relata Salomón que participa del programa de capital de riesgo de Prospéritas Capital Partners. Tras la venta, Salomón no se plantea la meta de emprender otra vez. "Queremos apoyar el crecimiento como empleados liderando desde Uruguay", dice.

El negocio informático también dio resultados a los fernandinos Marcelo Duarte y Pablo Baldi que vendieron su proyecto en el entorno del millón de euros al exterior.

Según informó El Espectador ambos trabajaban dentro de la informática para los casinos del Mantra y Conrad. Así conocieron a un extranjero del mundo de los casinos que les propuso asociarse: ellos hacían el desarrollo de los productos y él se encargaba de la parte comercial en Europa. Duarte y Baldi crearon la empresa Laboratorio Uruguayo de Producción de Software. Entre idas y vueltas terminaron frente a una multinacional canadiense a la que le vendieron los derechos del software de registro de clientes de casinos por siete cifras: un millón de euros.

Jóvenes millonarios.

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