Ana María Abel - Lic. Ciencias Familiares
Dominique Simonnet (35), periodista e investigador francés quien participa en diversas iniciativas de información científica, recibió con entusiasmo la noticia de la gestación de sus dos hijos. En sus correrías profesionales por todo el mundo visita clínicas de maternidad y conecta con especialistas en neonatología; quiere saber todo sobre los bebés desde la concepción, tema que le fascina.
Una investigación en curso sobre el inicio del aprendizaje del lenguaje, lo llevó a dialogar con sus bebés en la panza de la madre. Es innegable la colaboración del padre en lo que allí sucede. Está presente en cada célula de esa personita, su aporte genético es indestructible científicamente, sin embargo cabe la posibilidad de que viva y actúe sólo como un familiar más cercano que los otros. A medida que Simonnet fue conociendo más datos científicos sobre la vida intrauterina, acomodó sus actitudes al hecho de que el universo del nonato es todo lo que sucede cerca de él. Si el padre no está por ahí, no figurará en sus matrices originales ni en sus adquisiciones tempranas, esas que se le graban en los primeros días de su concepción. El hijo de pocos días de gestado no es de otro mundo ni vive en otra dimensión: está ahí, a pocos centímetros y siente todo lo que pasa fuera. A medida que el embrión evoluciona comienza a tener los sentidos en condiciones de recibir señales del exterior. Es más sensible a las auditivas, a sus pequeños oídos llega todo lo que pasa en el exterior, al principio no con mucha claridad pero cada día más nítidas. Las voces exteriores, especialmente la masculina y familiar de su padre, le llegan claramente. Con este dato, Simonnet empezó a conversar son sus hijos y cantarles despacito consciente de que su hijo recibía sus palabras.
Por lo general en el quinto mes de embarazo, el bebé ya se mueve, reacciona a los movimientos de la madre y comienza a tener reacciones táctiles. En el sexto, tiene sus primeras experiencias a nivel de olfato y gusto. Al séptimo mes, las conexiones neuronales se establecen más aceleradamente y su comunicación con el entorno inmediato es permanente. Simonnet ha viajado mucho y sabe que a un adulto no le es fácil dejar de sentirse extranjero en un país diferente, sin embargo, los bebés se integran de inmediato. Esto da una idea de su espectacular capacidad de aprendizaje, adaptación y comunicación con el entorno ya en la vida intrauterina.
Cada hijo necesita y mucho, de su padre desde el inicio de la vida para estructurar su devenir y crear entre ambos una relación que será indestructible. En algún momento de la vida nos jubilamos de nuestra vida profesional, sin embargo nunca lo haremos de nuestra identidad de padres. (flia@iuf.edu.uy)
El sentimiento de culpa.
Algunos padres intentan acallar sus remordimientos por no prestar suficiente atención a un hijo, consintiéndolo. Mejor que prometerle un juguete se le puede regalar tiempo para contarle una historia en capítulos o leerle un cuento.