MATÍAS CASTRO
No hace mucho tiempo atrás, la vedette argentina Belén Francese sorprendió a medio Río de la Plata con un libro. Se trataba de una gran broma, por supuesto, pero el libro existía y en él sus "arrimas" o algo así se exponían en todo su horror. Se trataba de versos o frases que intentaban ser versos en los que Belén, cuya figura se asocia más bien con la clase de gente que es capaz de escribir "hojo" y no "ojo", jugaba a que tenía aptitudes literarias. La broma resultó y el libro tuvo incluso una continuación, ya que se vendió muy bien.
Eso fue en tiempos de su participación en las competencias de Showmatch. Ella utilizó esa plataforma con cierta inteligencia para llamar la atención sobre su persona y de paso, hacer algo de dinero en base a hacer chistes con sus ineptitudes literarias convertidas en libro. Karina Jellinek, una vedette mucho más linda que ella e igualmente tonta, no pudo o no supo aprovechar ese momento de exposición del mismo modo. Francese tuvo la astucia y el sentido de la oportunidad suficiente como para hacer dinero en base a tomarse el pelo a sí misma y vender esto en forma de libro.
Ahora volvió a ponerse más o menos en el tapete gracias a un viaje. Y si conseguir promoción en base al simple hecho de haberse tomado vacaciones no es signo de astucia en el mundo del espectáculo, ¿qué es? "Me fui a Orlando mi lugar favorito en el mundo donde hablo y me entiendo con Mickey aunque él sólo hace gestos", dijo en una entrevista. A partir de esto aprovechó para hablar de los trabajos de verano que realizará y en medio de todo eso, dijo algo interesante: "No quiero ser parte de esa riña de cada verano con mis colegas. ¡Que se maten ellas!". Se refería a que no quiso (según su versión) hacer teatro en Mar del Plata, el punto fuerte para facturar en ese ambiente y también para protagonizar peleas de vedettes. La astucia de Francese radica en disfrazar de tonterías una serie de movimientos laborales y de negocios que no tienen nada de bobos.