Ruben Loza Aguerrebere
Julian Barnes es uno de los mayores escritores ingleses de hoy. Una personalidad destacada de esa formidable generación de la que forman parte, entre otros, Martin Amis, William Boyd, Ian McEwan, John Banville y Jonathan Swift. Y bien, a su vasta obra, que integran entre otras algunas novelas imprescindibles como "El loro de Flaubert" e "Inglaterra, Inglaterra", a la que debemos agregar este reciente libro: "Nada que temer" (Anagrama/Gussi, al igual que las anteriores).
Nacido en Leicester, en 1946, ex/crítico literario del "Observer", es autor (bajo seudónimo) de novelas policiales, pero su quehacer literario está a mitad de camino entre el cuento volteriano y la fábula swiftiana. Se le considera "un escritor afrancesado", no solamente porque se ha definido como hijo literario de Flaubert, sino porque, además, dibuja realidades y personajes con una prodigiosa precisión. Su escritura, divertida y seria a la vez, que se burla de la posmodernidad, abunda en no pocas audacias imaginativas.
De esta manera llegamos a este libro tan singular que hoy queremos destacar, puesto que "Nada que temer", elaborado con audacia, astucia y un ligero tono proustiano, más que un conjunto de meditaciones con toques autobiográficos, es un deslumbrante paseo por los temas preferidos de Barnes, que son la literatura, la música, Francia y, asimismo, Dios y la religión. Asistimos, así, a sus relaciones más cercanas, gracias a sus abundantes retratos familiares, observados con irónica mirada, a sus ancestros literarios y los que lo acompañan hoy, a todos los cuales define como seres para quienes "la verdad camina por los caminos secundarios".
También, entre ellos, ocupa momentos estelares su hermano, quien por su condición de filósofo: "cree que los recuerdos son con frecuencia falsos". Julian Barnes, más confiado que el filósofo, cree en ellos, aunque ahora ha llegado a descubrir, andando el tiempo, que para el escritor, a medida que pasan los años, los recuerdos (de los que se nutre la literatura que pinta el alma de su tiempo) comienzan a ser cada vez más difíciles de distinguir de la imaginación.
Por estas cosas, en este libro inevitable, se dan la mano hasta la confraternización, las ideas, las pasiones y los afectos, a medida que se desplaza por caminos que se bifurcan, pues es un heredero de Stendhal y Maugham y Flaubert. Este libro de Barnes recupera, para mi gusto, una cierta forma interior de la felicidad.
NOVEDADES EDITORIALES. Esta muy reciente novela llamada "La dulce envenenadora" (Anagrama/Gussi) ha sido escrita por Artp Paasilinna, acaso el más exitoso de los escritores de Finlandia. Sus novelas, han tenido gran repercusión en Gran Bretaña, donde han sido definidas como historias de "humor anglosajón en el país del hielo" Imaginativo, ácido, despiadado, ahora que está traducido a nuestra lengua, no podemos desconocerle. Vale la pena, entonces, perderse en los meandros de estos burlescos inviernos literarios.