El Presidente en la Antártida

GUSTAVO PENADÉS

La visita que efectuara la pasada semana el Presidente de la República a la Antártida, constituye un gesto de gran significación.

La relación de nuestro país con aquel continente no es nueva. Muchas veces olvidamos que ya en la época colonial la entonces Banda Oriental era sede del Apostadero Naval de Montevideo cuya jurisdicción se extendía hasta las aguas antárticas.

Posteriormente, Montevideo mantuvo vinculación con la zona austral, siendo puerto obligado de escala para las expediciones científicas y comerciales que tenían por destino aquella parte del mundo.

Quizás uno de los hechos más demostrativo de la vocación humanitaria del Uruguay, pero también de la decidida voluntad de estar presente en la Antártida, la constituye la expedición del "Instituto de Pesca 1" (pequeña embarcación de 340 toneladas) que, hace 94 años al comando del Teniente de Navío Roberto Elichiribhety se lanzó a la aventura de rescatar a la tripulación del explorador Sir Ernst Shackleton, que había logrado alcanzar la Isla Elefante luego del naufragio del "Endurance" en el mar de Weddel. La hazaña de aquella intrépida tripulación fue recordada años después en la Compañía Antártica, 1995-1996 cuando se colocó en la Isla Elefante una placa en homenaje a aquella heroica tripulación.

Progresivamente nuestro país fue desarrollando una conciencia antártica que ha encontrado traducción concreta en los esfuerzos de militares y civiles expresando la voluntad de la sociedad toda, de estar presentes en el continente blanco, cumpliendo así las acciones necesarias para alcanzar la concreción de un importante objetivo nacional.

La Antártida ya está en la mira de muchos intereses que vislumbran la posibilidad de utilizar los recursos allí existentes. Al igual que la explotación de recursos en el Ártico hasta hace poco parecía imposible y hoy ya no lo es y determina que los estados limítrofes mantengan diferendos por las áreas a las que pretenden tener derecho; los avances tecnológicos, las necesidades crecientes de alimentos, petróleo y minerales abren para la Antártida posibilidades hasta ahora insospechadas.

Sin duda alguna es un imperativo nacional que el próximo gobierno debe asumir, como un compromiso ineludible, disponer de los recursos humanos y materiales que sean necesarios para superar las carencias que al presente se sufren pero, por sobre todo, contribuyendo a que la sociedad continúe tomando conciencia de la importancia que para las futuras generaciones significa que Uruguay pueda hacer valer sus derechos en el continente antártico.

Finalizamos saludando calurosamente la decisión del Dr. Vázquez, quien con su actitud incentiva y fortalece la inclaudicable voluntad de los hombres y mujeres que trabajan por el proyecto antártico; pero que a la vez es también un justo y merecido reconocimiento al valor, al ingenio y al tesón de los pioneros que sembraron la simiente del presente del que hoy nuestro país se congratula.

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