Los médicos anunciaron que el jefe de Gobierno Silvio Berlusconi deberá permanecer hospitalizado hasta hoy, tras sufrir una agresión que fue más dolorosa que un golpe en la cara y algunos catalogan como un reflejo del clima político de Italia.
El envenenamiento de la política italiana no se detiene ni ante la sangre derramada por el primer ministro el domingo en Milán. La imagen de Silvio Berlusconi tras la salvaje agresión de Massimo Tartaglia, en la puerta del coche, buscando a su asaltante, refleja la tensión, la división, la partición en dos que vive el país. Berlusconi amado hasta las lágrimas, Berlusconi odiado hasta la violencia. El magnate, de 73 años, verbalizó ayer su incomprensión ante un sacerdote amigo que le visitó en el hospital. "No entiendo tanto odio. ¿Por qué me quieren mal?", se preguntó.
Según informó Alberto Zangrillo, médico personal del premier italiano, Berlusconi estará hospitalizado al menos hasta hoy, luego de ser agredido el domingo por un hombre calificado como desequilibrado. Al finalizar un mitin político, el jefe de Gobierno sufrió una fractura en la nariz, tiene dos dientes rotos y heridas internas y externas en los labios.
El agresor, Massimo Tartaglia, de 42 años, fue detenido en una celda aislada de la cárcel de Milán y será juzgado por "heridas graves premeditadas". Según se supo, en su mochila llevaba un extraño arsenal casero: un crucifijo de yeso de 30 cm, un pisapapeles de cuarzo, un mechero y un frasco de spray irritante. El arma elegida para la agresión es el recuerdo más vendido en la plaza de Milán. Tartaglia asegura que la compró poco antes del mitin.
Según el ministro del Interior, Roberto Maroni, no debe culparse al sistema de seguridad por lo sucedido: "El gesto ocurrió más bien por otras razones: por el clima de enfrentamiento violento y una dialéctica política anormal".
"Todo el mundo se debe sentir responsable", estimó por su parte Rosy Bindi, dirigente del Partido Democrático, principal organización de la oposición de izquierda.
REFLEJO. Es cierto que todo indica que se trataría de un caso aislado, cometido por un hombre con problemas psicológicos. Sin embargo, la agresión no puede no ser vista como el resultado de un clima de enfrentamiento político. Berlusconi es un político que divide, que es odiado o amado. Pero lo ocurrido ayer debe verse en el contexto de una escalada del clima de agitación de los últimos meses, caracterizado por el choque continuo entre el oficialismo y la oposición.
Si primero fueron los asuntos de alcoba -Noemi Letizia, el divorcio de Verónica Lario, Patrizia D´Addario, las fotos de Villa Certosa-, ahora son los procesos judiciales que lo involucran, también salpicado por la sombra de antiguos vínculos con la mafia siciliana, lo que crea máxima tensión.
Desde que a principios de octubre el máximo órgano de garantía judicial, la Corte Constitucional, invalidó la ley que le garantizaba inmunidad, Berlusconi ha hecho de todo para revertir el fallo, hasta el punto de decirse listo para reformar la Constitución.
Hace unas semanas, el premier presentó un proyecto de ley de proceso breve que representaría, en su caso, la prescripción de los juicios que debe enfrentar. Para los más eximios juristas del país, ese proyecto es "inconstitucional".
Según el diario italiano La Repubblica (de izquierda), el hecho del fin de semana ilustra "la grave degradación del clima político" en Italia.
"Es el resultado del odio que se ha fomentado" en el país, declaró por su parte Paolo Bonaiuti, portavoz de Berlusconi.
Il Giornale, el diario de su familia, tituló ayer "Violencia constitucional" y acusó a "algunos" líderes políticos de ser los "autores morales" del gesto violento, en una alusión al ex juez anticorrupción Antonio Di Pietro, actual líder del partido opositor Italia de los Valores y enemigo histórico del magnate.
Pero lo cierto es que el ataque se dio también en momentos en que, más allá de las peleas políticas, el malestar económico se hace cada vez más patente, con más de 2 millones de desocupados, negocios que cierran y despidos frecuentes.
Antonio Di Pietro, principal enemigo político del jefe de Gobierno, fue sumamente crítico. "Yo comparto la exasperación de los ciudadanos que cada día ven a un premier que mantiene bloqueado el Parlamento para hacer leyes que le sirven sólo a él, mientras millones de ciudadanos pierden el trabajo y luchan por llegar a fin de mes".
No parece tan errado. Sobre todo cuando hace diez días hubo en Roma una manifestación, donde centenares de miles de personas convocadas a través de internet se juntaron para reclamar la dimisión de Berlusconi. (En Base a AFP, ansa, El País de Madrid y La Nación / GDA).
Critican el sistema de seguridad
MILÁN | La agresión contra Silvio Berlusconi planteó acusaciones cruzadas sobre la eficacia de los servicios de protección del jefe del gobierno italiano.
"Demuestra que el sistema de protección del jefe de gobierno no es adecuado y tiene carencias", dijo ayer el diputado Carmelo Briguglio.
Sin embargo, el ministro del Interior, Roberto Maroni, defendió la labor de los guardaespaldas: "Son profesionales, no tenemos ningún reproche. No se puede hablar de una falla".
Según el diario Il Corriere della Sera, la escolta de Berlusconi es de "unos 20 hombres que se despliegan por anillos hasta crear un escudo a su alrededor".
"La falla del sistema estuvo en el anillo más cercano, encargado de protegerlo de las agresiones directas. Además, algo no funcionó inclusive después de que fue herido", sostiene el diario. ANSA