El Gobierno de Filipinas ha declarado el estado de excepción en la provincia sureña de Maguindanao después de que al menos 21 personas hayan sido halladas decapitadas por hombres armados por una aparente disputa política relacionada con las candidaturas a las próximas elecciones provinciales, previstas para mayo.
Ninguna persona se adjudicó la responsabilidad del ataque ocurrido en una región predominantemente musulmana azotada por la tensión política entre clanes rivales. Ismael Mangudadatu, el político con el que simpatizaban las personas en la caravana, no estaba cuando ocurrió el ataque y dijo que su esposa lo llamó por teléfono celular poco antes de que ella y el resto fueran secuestrados.
``Ella dijo (...) que los habían detenido 100 hombres uniformados (...) Después su línea se cortó´´ dijo Mangudadatu. El candidato afirmó que su esposa y varios familiares estaban entre los muertos.
Mangudadatu, vicealcalde del ayuntamiento de Buluan, acusó de la masacre a sus rivales políticos pertenecientes a un clan importante. Los representantes de esa familia no respondieron a los señalamientos. De igual forma, los parientes de las víctimas dijeron como responsables a los rivales políticos de las elecciones nacionales previstas para 2010.
El grupo de furgonetas transportaba a unas 40 personas y fue secuestrado en la provincia de Maguindanao, a unos 900 kilómetros al sur de Manila. Tiempo después oficiales del ejército encontraron los cuerpos baleados de 13 mujeres y ocho hombres, informó el comandante militar regional, el general mayor Alfredo Cayton.
No estaba claro si hubo supervivientes tras el ataque. El ejército y la policía se disponían a realizar la búsqueda de otros posibles rehenes.
El Sindicato Nacional de Periodistas de Filipinas dijo que al menos 10 reporteros locales estaban entre los secuestrados. Sus organizaciones no pudieron localizarlos, por lo que sospechaban que también habían sido asesinados.
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Las elecciones suelen ser particularmente violentas en el sur de Filipinas debido a la presencia de grupos armados, entre ellos rebeldes musulmanes que luchan para establecer un gobierno independiente en esta nación predominantemente católica, y entre líderes políticos que suelen mantener ejércitos privados.
AP