En uno de sus últimos actos públicos, rodeado de su compañero de fórmula y de los más calificados dirigentes, el candidato a Presidente por el Partido Nacional, Dr. Luis Alberto Lacalle anunció que el próximo gobierno blanco sería "Nacional, popular y revolucionario", convocando a una revolución, donde nadie estará libre del sacudón que se dará a las viejas estructuras y a las mentalidades conservadoras vestidas de progresismo. Ese llamado a una revolución pacífica y sin armas, aclamada con entusiasmo por quienes lo rodeaban, debe ser acompañado por toda la ciudadanía, teniendo en cuenta que el Partido Nacional es la única fuerza que está en condiciones de enfrentar el desastre que ha sido la actual administración, y no por una presunción apocalíptica de lo que puedan repetir, sino por una comprobación de lo que no supieron hacer en los cuatro años transcurridos. Los principales enemigos del Frente Amplio son los propios frenteamplistas, defraudados por lo que prometieron y no cumplieron, lo que los ha llevado a severas fracturas y a duros cuestionamientos. Quienes se oponen a la fórmula presentada, no son tanto los opositores sino los mismos compañeros de ruta, decepcionados por un fracaso que no pueden disimular ni justificar, luego de haber dispuesto de un monopolio exclusivo de los cargos de administración y de una envidiable mayoría parlamentaria que no supieron manejar con inteligencia.
Ante el fracaso de esa parte del país hay que levantar, todos juntos, la otra parte, pero no para dividir sino para integrar, incluso a quienes lo han destrozado, acompañando ese "salto de prosperidad" que auguró el Dr. Lacalle, en el cual nadie puede estar ajeno sino que todos deben reclamar un puesto de lucha.
Al servicio de ese propósito el Partido Nacional ha estructurado un Programa Nacional de Gobierno, tendiente a construir un país justo, próspero e independiente que todos deben leer y conocer, para convertirlo en una especie de instrumento de gran alianza que permita construir de nuevo el Uruguay destrozado cuyas aristas hoy no se pueden ignorar.
En él se incluye el fortalecimiento del Estado de Derecho, tan deteriorado en los últimos años; un desarrollo económico que no se ha producido, pese a las tareas de maquillaje oficialistas; un desarrollo productivo, donde el campo ocupa un lugar destacado; la eliminación del enfrentamiento entre empresarios y trabajadores; un verdadero desarrollo social, respetando la dignidad de los más necesitados y un profundo desarrollo público, a través de un manejo responsable de las finanzas del Estado junto a la recuperación de una seguridad perdida, a una reforma de la política tributaria y el rescate de los valores morales.
Todo está escrito y es a través de esas armas que se pretende llevar adelante esta revolución moderna, con características propias, sin seguir los ejemplos de otros ni alinearse con políticas ajenas, que siempre cobran sus peajes y en las cuales la independencia nacional queda menoscabada.
El Frente Amplio carece de propuesta para una convocatoria similar, ya que sigue siendo una colcha de retazos sin coherencia ni Programa. En los últimos meses han ofrecido tres propuestas diferentes: una aprobada por el V Congreso Extraordinario a fines de diciembre; otra acordada en el momento de armar la fórmula, que se mantuvo en secreto y una tercera hace pocas semanas que tampoco se ha divulgado. Su Programa se ha convertido así en continuar con más de lo mismo; alinearse con Brasil y con Argentina, y prolongar esa relación peligrosa que ha mantenido con Venezuela,
El lunes próximo, a esta misma hora, los lectores habituales de El País estarán leyendo la edición de ese día y comprobando cual fue el Uruguay que se empezó a construir como resultado de las elecciones del día anterior. Aunque todavía pueda manejarse una segunda vuelta, lo que nadie debe permitirse a sí mismo es reprocharse lo que pudo haber hecho y no hizo; en qué medida su acción o su omisión contribuyeron a forjar los cinco años por venir: cuánto pudo hacerse y cuál es la cuota de responsabilidad que a cada uno corresponde.
Quedan siete días para pensarlo y dentro de las posibilidades se encuentra incorporarse a esta revolución anunciada, de la cual todo el país va a emerger como beneficiado. La elección no será una elección común por lo que se merece una respuesta diferente.