Una comedia dramática con elementos religiosos

Estreno. Está en videoclubes "El milagro de Henry Poole"

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GUILLERMO ZAPIOLA

Es una película extraña. Mezcla inquietud y convencionalismo, cierta espiritualidad y varios clisés, elementos atrayentes y facilidades previsibles. Sin embargo, tiene su interés "El milagro de Henry Poole", que acaba de editarse en DVD.

El film dirigido por Mark Pellington (realizador de Intriga en la calle Arlington, uno de los responsables de la serie de televisión Cold case y codirector del documental U2 3D) puede servir para romper con cierta imagen estereotipada del llamado "cine independiente" norteamericano, que en la práctica se ha convertido en un género más, con las reglas propias de todo género. Para el caso: desencanto en lugar de triunfalismo, sexualidad más explícita, una postura "antiburguesa" que suele sonar a muy burguesa. Y, por supuesto, una actitud "secularista" ante los temas religiosos que suele oscilar entre la indiferencia y la hostilidad.

Admitamos que el fundamentalismo religioso norteamericano, con su literalismo bíblico, su creencia en una "Tierra joven" y su convicción en la inminencia del Apocalipsis puede sacar de sus casillas a cualquier observador razonable, pero incluso en ese terreno el cine "indie" suele simplificar las cosas. Esta película no lo hace.

Incluso se coloca en una perspectiva opuesta, quizás con la intención de (como escribiera un inteligente sacerdote francés) "hacer dudar al agnóstico de su duda". La historia es básicamente una fábula. Al principio se anuncia que el protagonista (Luke Wilson) padece una imprecisa enfermedad tal vez terminal, y el personaje se muda a un nuevo barrio y decide pasar sus últimos días en un casi total aislamiento, bebiendo y comiendo pizza. Sin embargo, algo ocurre de pronto cerca de él que lo hace cambiar de opinión. Una vecina (Adriana Barraza) cree tener visiones de Jesús, y de un objeto común del edificio se desprenden acaso poderes milagrosos. El modo en que se van encadenando los hechos, algunos acontecimientos de interpretación por lo menos ambigua, y la relación que se establece con los vecinos, restaurarán la esperanza del personaje. Hay una vuelta de tuerca final, quizás demasiado "hollywoodense", que el guionista Albert Torres pudo ahorrarse, pero no llega a hundir los aspectos más interesantes del planteo.

En determinado momento, el sacerdote encarnado por George Lopez señala que la Iglesia no se apresura en declarar que ciertas situaciones son efectivamente milagros, pero que "mantiene la mente abierta". Esa es, hasta cierto punto, la propia postura del film, que siempre deja explicaciones alternativas en el aire para algunas de sus extrañezas. El personaje de Barraza ve o cree ver a Cristo, pero lo que la cámara muestra es en realidad bastante impreciso, y hay datos previos que advierten que el personaje tiene ya esa imagen en la mente (la cual por supuesto no es la imagen real de Cristo, por la sencilla razón de que nadie tiene la menor idea de cómo fue Cristo realmente). Mente abierta, dudar de la duda. Las respuestas nunca son absolutas.

De ahí que la película pueda molestar, por razones opuestas, a creyentes y ateos. La beatería laica acaso se incomode porque postula (o al menos deja abierta) una puerta a lo sobrenatural. La beatería clásica, por otra parte, quizás desee más seguridades. La película tampoco las da. Lo que logra en cambio es una comedia romántica con elementos fantásticos y una elogiable calidez en el acercamiento a los personajes. No hace falta ser creyente en cualquier religión, agnóstico o ateo para querer a los personajes del film: son queribles porque son humanos, y están defendidos por un elenco que aporta lo suyo.

Al film lo hubiera beneficiado un actor más dúctil que Luke Wilson, el hermano menos notorio de Owen, para el papel principal. Lo suyo es la comedia más liviana, y las sutilezas de la emoción se le dan menos. Es en cambio muy competente la labor de las dos principales figuras femeninas: Radha Mitchell como la vecina, madre de una niña muda a inquieta, y Barraza como la visionaria latina. En ambos casos, el libreto aporta cierto estereotipo, pero las dos mujeres son lo suficientemente inteligentes como para ir un poco más allá y proporcionar interpretaciones convincentes. Es uno de esos films que al parecer nadie vio (por eso aterrizó directamente en DVD), pero no está mal.

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