La carrera no es solo por la Presidencia

MARÍA FERNANDA BOIDI

A poco menos de un mes de las elecciones nacionales, la atención está concentrada en la pugna entre el candidato del oficialismo, José Mujica -que va a la delantera en la intención de voto-, y su principal desafiante, el nacionalista Luis Alberto Lacalle. Sin embargo, el 25 de octubre los ciudadanos deberán optar entre mucho más que esta polarizada díada.

La carrera presidencial es la vedette de las competencias electorales y, como tal, acapara más atención que cualquier otro proceso eleccionario (como elecciones legislativas, o locales, por ejemplo).

El carácter unipersonal de la institución presidencial, y la alta visibilidad pública de la figura del presidente lo convierten en el actor más saliente del gobierno. Así, ciudadanos y medios de comunicación concentran su atención en la carrera por la Presidencia que -a diferencia de lo que sucede con otros cargos electivos, como los parlamentarios, que pueden ser ocupados por muchos individuos al mismo tiempo- sólo puede ser ocupada por uno de los postulantes. Se trata de una competencia en la que el ganador se lleva todo.

Cuando, como es el caso de Uruguay, las elecciones presidenciales coinciden con las legislativas, la elección del Parlamento suele pasar a un segundo plano tanto en la agenda política de campaña como en la valoración de los ciudadanos. Esta situación se ve agravada por algunas limitaciones de la legislación electoral, y también por algunos aspectos de la coyuntura. Respecto de lo primero, la imposibilidad de cruzar el voto (es decir, de votar al Parlamento a un partido distinto del que se elige para la Presidencia) hace que la decisión ciudadana usualmente se dé en cascada, desde la Presidencia hacia las demás autoridades. Esto quita peso al voto legislativo, que se elige en función de la opción a la Presidencia.

Respecto de la coyuntura, la existencia de una competencia presidencial polarizada como la que se está dando refuerza estas tendencias.

Desde la perspectiva del funcionamiento de la democracia, este escenario es subóptimo. La legislatura es el ámbito constitucionalmente establecido para la representación política y, como tal, es el único que permite y garantiza que los distintos intereses sean expresados.

Sólo un partido alcanzará la Presidencia, pero varios (cuatro, o tal vez los cinco que postulan candidatos) tendrán voz en el Parlamento, así como la capacidad y el potencial de apoyar y dar gobernabilidad, pero también la responsabilidad de controlar al Ejecutivo. En este sentido, el rol de la legislatura no debería ser pasado a segundo plano.

El Partido Colorado, El Partido Independiente y Asamblea Popular están fuera de la competencia por la Presidencia, por lo menos así lo indican todos los sondeos de opinión. Y, sobre todo los dos primeros, han hecho énfasis en la importancia de la elección legislativa. Parte de las razones de este énfasis obedece a una estrategia de campaña, a la intención de posicionarse y captar votos salvando la polarización de la competencia presidencial. Sin embargo, más allá de los intereses estratégicos que estos partidos tienen al remarcar la importancia del Parlamento, hacen bien al recordarle al electorado que el próximo 25 de octubre no sólo se vota un presidente, sino que se elige toda una estructura de gobierno de la cual el Parlamento será un elemento clave.

Los partidos deben remarcar la importancia del Parlamento y recordar al electorado que en octubre también se elige toda una estructura en la que ese Parlamento es algo clave.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar