ROMA | EL PAÍS DE MADRID, AFP Y
ANSA
El empresario Gianpaolo Tarantini, sospechoso de ser uno de los organizadores de las fiestas con prostitutas en las residencias privadas del jefe de gobierno italiano Silvio Berlusconi, fue detenido ayer en el aeropuerto de Bari por la policía italiana. El fiscal Antonio Laudati explicó que fue arrestado bajo la acusación de tráfico de drogas. "Gianpaolo Tarantini fue detenido por tráfico de droga, pero también por riesgo de fuga y porque habría podido manipular las pruebas en su contra", declaró Laudati.
La fiscalía de Bari abrió varios meses atrás una investigación contra dos empresarios, los hermanos Tarantino, sospechosos de corrupción para obtener partes de mercado. Las escuchas telefónicas realizadas en el marco de esta investigación levantaron sospechas de tráfico de droga y de "incitación a la prostitución", ante el dinero que Gianpaolo Tarantini, propuso a chicas de compañía para pasar la noche en dos residencias del jefe de gobierno, en Roma y en Cerdeña.
El nombre de Tarantini saltó a la primera plana en relación con el caso de la prostituta de lujo Patrizia D`Addario que dijo haber transcurrido una noche con el premier italiano y depositó ante la fiscalía de Bari videos, fotos y grabaciones de sus visitas al jefe del gobierno.
Tarantini, de 36 años, ha confesado haber organizado 18 fiestas con al menos 30 prostitutas y velinas (secretarias de programas televisivos) para el primer ministro italiano, con la intención de obtener favores e influencia para mejorar sus negocios. Según declaró, Berlusconi no sabía que las jóvenes que él llevaba a sus fiestas cobraban por pasar la noche con el primer ministro, de 72 años.
Tarantini conoció a Berlusconi en agosto de 2008 en Villa Certosa, la residencia sarda de Il Cavaliere, y desde ese momento se convirtió en el proveedor de confianza de Berlusconi. Los jueces, que intervinieron el teléfono del empresario, han grabado al menos 50 llamadas entre ambos. Berlusconi ha admitido en público haber conocido y recibido en su casa a Tarantini. Pero sus abogados sostienen que, en todo caso, el primer ministro no habría cometido delito alguno, pues sólo era el "utilizador final" de las señoritas de compañía.