El regreso de los vivos, parte dos

MATÍAS CASTRO

Si en la columna anterior se ha hablado de la expresión "el regreso de los muertos vivos", aplicada tal vez erróneamente a dos casos uruguayos y uno estadounidense, ahora conviene hablar de un uso con cierto gusto a veneno. Se trata de Beatriz Salomón, de quien muchos se acordarán por sus épocas de gloria junto a Alberto Olmedo.

A comienzos de mayo fue internada en una clínica por una grave intoxicación. Beatriz, hasta donde se sabe, intentó suicidarse tomando pastillas. Según fuentes que citó el programa de radio de Marcelo Polino, el motivo estuvo en la angustia que vive, su falta de trabajo, la falta de dinero y la necesidad de hacer algo en la vida. "Quería dormir y dejar de pensar. Como no me hacían efecto tomé más. Ahora estoy bien. Estoy cansada desde hace tiempo. Lo único que hice fue lidiar con todos y mi paciencia se fue por la ventana, estoy llena de deudas, tengo que criar sola a mis dos hijas, tienen que ayudarme", imploró en el programa ella misma sin intermediarios. Aparentemente Beatriz se había sentido humillada por el tratamiento público que le dio Mario Pergolini y, según ella, esto mismo desembocó en que no ha sido llamada en años para trabajar en teatro.

El gran problema de todo esto es que las pastillas que tomó estaban vencidas.

La que no se daba por vencida era ella, que de algún modo, con todo esto, logró volver a estar en el tapete, salir en la radio, ser mencionada en la tele y hasta ser tapa de alguna revista. Tal vez haya sido un acto desesperado y no un intencional movimiento de prensa. Siempre queda la duda, al igual que el raro intento de suicidio de Silvia Süller, dos años atrás.

En cualquiera de los dos casos, sea por profunda angustia o por deseos de volver a ser noticia, no deja de ser un acto de desesperación.

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