La Cumbre tendrá un final feliz, pese a su gran politización

Obama. Esperan que logre un nuevo vínculo

 20090417 327x600

DANIEL HERRERA LUSSICH

En WASHINGTON

CORRESPONSAL PERMANENTE

La Cumbre tendrá final feliz, según la opinión general. Puede surgir un portazo o alguien merecer de nuevo el "¡cállese la boca!", pero las circunstancias son distintas y el actor principal es también bien diferente.

"No hay duda que ustedes son gente de sangre caliente, si la inauguración de la Cumbre de las Américas se demorara 48 horas, en lugar de una nueva era, fluida y pacifica en las relaciones de Estados Unidos y el resto del continente, se verían dos guerras", comentó un conocido y prestigioso periodista estadounidense a las puertas de la oficina de corresponsales frente al Departamento de Estado, en el Nacional Press Building, en pleno corazón de Washington. "¿Dos guerras?", preguntó con sorpresa una simpática y experiente representante de una agencia latina.

Hace una semana eran todos confites y abrazos. Barack Obama, aplaudido y componedor en el G20 y la OTAN, llegaba a Trinidad y Tobago para "refundar el diálogo hemisférico, abiertamente dispuesto al tú a tú". Lamentablemente, a pocas horas del discurso de apertura, se oyen voces disonantes entre líderes colegas así como dudas sobre Obama.

Cuba, a esta altura un tema que todos sabían inevitable pero que se pensaba no llegaría a altas temperaturas después de cuatro décadas, se ha transformado en la estrella que comparte la primacía del escenario con el nuevo presidente de los Estados Unidos.

Obama dio una clara señal de buena voluntad sobre el tema la semana pasada, al difundir la decisión de levantar las restricciones de los viajes de familiares y el envío de remesas hacia La Habana. Se pensó que seria el primer paso hacia la distensión. Hasta lo creyó el propio presidente cubano, Raúl Castro, quién públicamente manifestó que estaba dispuesto a sentarse a hablar con Obama sin condiciones .

Pero sólo fueron las voces de los dos interesados, de los protagonistas. Los demás países, la mayoría, con oídos sordos y desde sus propias sedes de gobierno antes de tomar el vuelo, como si estuvieran de acuerdo, anunciaron que "plantearían el levantamiento del embargo a Cuba". Evo Morales, que estuvo a punto de quedarse en La Paz por problemas políticos internos, alertó que presentará un proyecto para que se vote en la Cumbre contra el embargo estadounidense. Casi una declaración de guerra.

Lula, la otra figura central del cónclave, líder de confianza del propio Obama y destinado a mantener el equilibrio ante cualquier tono agresivo de algún colega, mandó su mensaje desde Brasilia: "¡Cuba tiene que estar en las reuniones americanas!". El asunto estaría conversado entre Obama y Lula en el mano a mano que tuvieron en la Casa Blanca, en Europa durante el G20 o en la llamada telefónica de 20 minutos que se confirmó tuvieron el jueves.

Sin duda, es una seria posibilidad la existencia de un "entente" previo de los dos mandatarios, que acallaría las voces fuertes que pueden esperarse todavía de Chávez, Correa, Morales u Ortega, especialmente del venezolano, que un día amenaza y el otro busca suavizar las cosas. La Venezuela de hoy no es la misma de las regalías y el Papa Noel de los necesitados de dos años atrás.

Pero igual a esta altura los asistentes a la Cumbre saben de antemano que se vivirán tres visiones: la primera y fundamental, la de Obama, reafirmando en tono franco que "nuevos tiempos reinarán en América, que los años de George Bush han pasado, que el diálogo será de igual a igual y que está dispuesto a "hablar de Cuba, pero siempre que exista una señal de apertura democrática y respeto de los derechos humanos desde el otro lado". No rehuirá Obama las responsabilidades y el abrir las puertas a soluciones para los efectos de la crisis económica, reconocerá errores en el campo medio ambiental, afirmará la necesidad de unirse para crear energías renovables y reafirmara un mayor apoyo a los sectores sociales.

Gobiernos incumplen acuerdos logrados

Puerto España | La mayoría de los países participantes de la V Cumbre de las Américas incumplen o actúan en contra de los acuerdos alcanzados en las citas precedentes. "Los resultados son muy alarmantes, muy decepcionantes y muy negativos", concluyó Andrea Sanhueza, representante de la organización no gubernamental Active Democracy Network, durante el Foro de la Sociedad Civil, que se realizó en Puerto España previo al encuentro de jefes de Estado y gobierno. Según la ONG, 12 de 21 países lograron notas negativas siguiendo el Índice de Evaluación de Cumplimiento de los Gobiernos, que mide cuánto de lo que se dice y se suscribe en las cumbres regionales se pone efectivamente en práctica. En un extremo de la tabla Barbados se destaca por el cumplimiento y en el otro se ubica Venezuela.

Sanhueza fue sólo parte del desfile de investigadores y promotores sociales que discutieron en Trinidad y Tobago sobre la coyuntura mundial en derechos humanos, ambiente y las ONG, y cuyo informes fueron entregados a los gobiernos. AFP

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar