La idea partió del Presidente de la República, reconocido por su afición a los actos de masas y al contacto con el pueblo. El gobierno con su presencia, por supuesto, se apresta a darse dique con gente en la calle, espontánea y acarreada.
Hay un problema con la presencia presidencial en esta clase de concentraciones. El numeral 5 del artículo 168 de la Constitución establece como obligación del Presidente actuando con el Ministro o Ministros respectivos, o con el Consejo de Ministros, la de "Informar al Poder Legislativo al inaugurarse las sesiones ordinarias sobre el estado de la República y las mejoras y reformas que considere dignas de su atención". Una norma similar está en las Constituciones de todos los regímenes liberales del mundo.
Es la misma que obliga al Presidente de los Estados Unidos también en la misma oportunidad, a dar cuenta al Congreso del estado de la Unión. O al Presidente argentino, como lo hiciera Kirchner en su momento, dejando constancia en el informe que el diferendo por la construcción de Botnia había sido zanjado por el acuerdo de los Cancilleres Bielsa y Opertti.
¿Cómo se cumple esta obligación? En Estados Unidos, el Presidente asiste en persona al Congreso. Aquí una vez lo hizo así el Dr. Lacalle, pero la costumbre es el informe escrito con anexos correspondientes a cada Ministerio. El Presidente en funciones ya informó a la Asamblea General, pero como quiere acto de masas, se le ha ocurrido convocar al pueblo. Lo cual, a su vez, entiende que es perfectamente legítimo pues se trata de una rendición de cuentas.
Está una vez más equivocado. La división entre el derecho público y privado sigue teniendo ambiente doctrinario, y así se entiende que mientras en derecho privado las personas tienen facultades para hacer todo lo que no está prohibido -principio de libertad consagrado en el artículo 10 de la Constitución de acuerdo con el cual, "nadie será obligado a hacer lo que la ley no manda ni privado de lo que ella no prohíbe"- en derecho público, los órganos sólo tienen la competencia que la norma les atribuye a texto expreso. Y a texto expreso la Constitución le impone al Presidente la obligación de rendir cuentas al Poder Legislativo, no a la ciudadanía.
Así, lo que se dispone a hacer el Presidente es un acto político partidario con toda la barba, con finalidades proselitistas evidentes, con miras a las elecciones de la primavera. Esta conducta tipifica un delito electoral por transgresión al artículo 77 de la Constitución, que le prohíbe en el desempeño de su cargo, realizar cualquier acto político menos el voto.
Pero la cuestión es preguntarse qué le hace una mancha más al tigre, porque al fin y al cabo, si de esto se trata, el Presidente, haciendo gracia de su presencia en múltiples cabildos abiertos denominados "consejos de ministros" -este será uno más- ha puesto en evidencia que el respeto a esta norma constitucional no es de las cosas que le quiten el sueño.
Él no es el Presidente de todos los uruguayos, sino un frenteamplista más en ejercicio de ilegítima actividad electoral, un vocacional del populismo. Entonces, aprovecharán la oportunidad -él y su séquito- de decirle cualquier cosa a la gente, como por ejemplo que este gobierno ha conseguido bajar la pobreza, cuando Hebert Gatto le demostró categóricamente en su nota del 18 de febrero, que en el país hoy hay más pobres que hace diez años.
También se van a llenar la boca con logros macro-económicos discutibles. En fin, se van a vestir con su mejor plumaje.
Lo que no van a decir, volviendo sobre las rotundas conclusiones de Gatto, es que si es cierto que el país vivió desde 2004 a la fecha el mayor crecimiento económico de su historia y que el gobierno dedicó a fines sociales parte sustancial de esos recursos, los logros en materia distributiva marcan un fracaso desolador, pues el país mantiene índices de pobreza superiores en un 50% a los de hace una década, y vive en un creciente proceso de marginación.
Callarán o mentirán, pero tiempo queda todavía para que por lo menos a aquellos que quieren saber la verdad, se les den los elementos para informarse.
Ahora, los que quieren seguir con las anteojeras puestas y llegado el momento embestir contra la urna como si fuera un bulto, en ese anunciado cabil-do abierto recibirán material energizante para dar y prestar.