Y al final fue la Ministra de Salud Pública, María Julia Muñoz, a dar explicaciones al Poder Legislativo de porqué el Estado puede incorporar a sus servicios de prevención, diagnóstico y tratamiento del cáncer, la tomología de emisión de positrones denominada PET por sus siglas en inglés, y las instituciones de asistencia médica privadas, tienen que esperar a que empiecen a funcionar en la órbita pública.
Por supuesto que no explicó nada convincente. Más bien diríamos que lo de convincente sobra, porque la realidad es que no explicó nada.
Allí el diputado Trobo le planteó la posibilidad que en tanto se completen las obras que exhibió en un video -dos pozos- por un año, que es lo que se calcula para que se abra la posibilidad de la libre importación, se financiaran los viajes al exterior con el Fondo Nacional de Recursos. La respuesta fue no, porque no se puede. Y tampoco se quiere hacerlo poder.
En una palabra, no hay voluntad para traer ahora, ya, una tecnología que ayude a salvar enfermos de la muerte.
En ese aspecto, la Ministra coincidió con el diputado Javier García en cuanto a que existen "discrepancias ideológicas". Más que discrepancias, es un capricho ideológico el que se está haciendo valer para que el PET entre por el sector público, porque no se puede entender cómo puede haber diferencias ideológicas en un tema en donde está en juego la salud y la vida humana.
García no se resignó y denunció el grado de fundamentalismo a que llega ese capricho ideológico.
Y justamente el deber de todos es no resignarse. Es que no se trata que la tecnología no sirva, o pueda generar problemas. Todo lo que puede aportar es bueno para la salud, pero no hay caso, la Ministra sigue empacada en que entra por el Estado o no entra por ningún lado.
Y se acabó, porque de ahí no la mueve nadie.
Estos son los saldos que hay que anotar en rojo en la columna del debe de una gestión de gobierno en un sector de actividad particularmente de-licado, en el cual mientras el mundo avanza los uruguayos tenemos que esperar el paso estatal, con la sola aspiración a "un bel morire…".