Después de los atentados del 11 de setiembre de 2001, se adoptaron medidas drásticas de control respecto de pasajeros y equipajes en todos los viajes aéreos.
Las disposiciones impuestas luego de aquella tragedia, fueron razonables pero aparentemente ha habido un descaecimiento del andamiaje de vigilancia, derivando hacia lo que pasó el 25 de diciembre de 2009: en un vuelo que unía Ámsterdam con la ciudad de Detroit, el joven nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab, aparentemente miembro de Al Qaeda, intentó un ataque terrorista suicida.
El padre del terrorista, había advertido a la embajada estadounidense en su país, que su hijo era un peligro potencial. Además, Abdulmutallab, figuraba en una lista de seguridad del Reino Unido.
Sin embargo, obtuvo una visa de entrada para los Estados Unidos, tomó un avión y casi lo hace estallar en el aire.
Dijo bien la Secretaria de Seguridad Interior norteamericana Janet Napolitano: "El sistema de seguridad aérea fracasó miserablemente".
¿Quién recibió la denuncia del padre? ¿Qué se hizo al respecto? ¿Quién otorgó la visa aunque figuraba en una lista de posibles terroristas?
Después que Abdulmutallab vio frustrado su intento de detonar la bomba, se tomaron medidas precautorias adicionales para todos los vuelos.
Aun así, parece que sería imprescindible tomar otras, como lo sería la instalación de escáners en todos los aeropuertos, ya que como se ve, el terrorismo sigue golpeando en forma caprichosa, espeluznante y artera, tanto en lo del 25 de diciembre como en otros ámbitos.
Por ejemplo, en el aún no explicado ataque dinamitero que, hace pocos meses, mató a una mujer en Montevideo.