Gustavo Penadés
La cuenta regresiva que comenzara el 1º de marzo de 2005 va llegando a su fin. En pocos días y horas el país estará eligiendo sus próximos Presidente y Parlamento.
Estamos ante una elección especial. No será, como en anteriores, el momento de elegir entre personalidades representativas de tradiciones partidarias, en mayor o menor medidas explicitadas, pero indisolublemente ligadas a nuestra mejor Historia. Tampoco será uno de esas instancias en que el pueblo busca probar algo nuevo.
Esta vez las cosas son muy diferentes.
El Frente Amplio se presenta con un candidato que no expresa su auténtico y profundo pensamiento. Si antes era difícil de entenderlo, hoy se encuentra acallado por sus propios compañeros. A sus espaldas, la vieja barra en atenta vigilancia para que no se aparte de los lineamientos trazados por ellos desde tiempo atrás.
Un partido político que exhibe aquellas cosas que lo enorgullecen de la gestión del presidente Vázquez, mientras que su candidato es por él desacreditado. Un candidato que no tiene empacho en pedir el voto afirmando que en realidad no será él quien gobierne, y que será su vicepresidente quien dirigirá la economía en lugar de la Asamblea General.
Confrontan el país de los dirigentes de la ortodoxia frentista aliados ante sus compañeros que tachan de "izquierda caviar". Aquella que no reniega de su pasado terrorista y antidemocrático, pero que sí exige a otros que golpeen su pecho y manifiesten arrepentimientos. Esa dirigencia que en una suerte de triple salto mortal muestra como ícono económico a quien por detrás denosta y a quien están confiados en imponer sus mayorías.
No se trata de los frenteamplistas, de los hombres y mujeres que sinceramente creen que ese partido representa una visión superior de la acción política. El problema está en la rosca de militantes de los viejos partidos de la izquierda uruguaya que de manera ubicua, de a ratos están en el Pit-Cnt y en otros en el Parlamento y que sueñan con un país bien diferente al que conocemos. Es la rosca que condenó a los funcionarios del Saint Bois por reclamar las partidas salariales a que se comprometió el Ministerio de Salud Pública, castigándolos con la inédita medida -en el Ministerio- de descontarles de una sola vez los días de paro.
La puja es con ese conglomerado de dirigentes que sienten que la Constitución es "un librito" que no posee más valor que aquel derivado de la utilidad que ocasionalmente les reporta.
Ante ellos se levanta el Partido Nacional.
El Partido de siempre, el que con aciertos y errores contribuyó a construir el Uruguay. El que no mide ni costos ni beneficios.
Un Partido con una fórmula respetada y querida por todo el pueblo nacionalista. Pero por sobre todo, con un candidato que encarna lo mejor de la tradición nacional.
Un partido que tiene por banderas la Libertad y la Ley.
El próximo domingo está en juego mucho más que un gobierno. Está en juego un estilo de concebir a la República.
Faltan pocas horas. Aprovechémoslas para convencer a un indeciso, para reflexionar con quien piensa no votarnos; y mostremos con orgullo nuestras banderas.
Como tantas veces el Destino llama al Partido Nacional para salvar a la Patria. ¡Sepamos cumplir!
"Faltan pocas horas. Aprovechémoslas para convencer a un indeciso y mostremos con orgullo nuestras banderas."