Rodolfo Sienra Roosen
El Presidente de ceño fruncido cuando le critican la gestión de su gobierno, se molestó cuando la Federación Rural en su 92 Congreso de la ciudad de Mercedes, le cantó las cuarenta. Y explotó en una reacción kirchneriana, como le dijo Larrañaga. Kirchneriana, no kirchnerista, porque el único uruguayo amigo de Kirchner es Mujica.
La libertad de expresión de un gremio a criterio del Presidente debe encartarse en la actividad propia. De allí que los productores agropecuarios, cuando se reúnen en tanto que tales, si dicen que el Plan Ceibal limitado a una computadora por niño no mejora la educación con prescindencia del valor de su calidad -que aunque no lo digan ellos diremos nosotros que es un desastre- o si objetan los planes de urgencia y de equidad encarados nada más que para que los pobres no trabajen y como moneda de pago de compra de votos, están fuera de tema.
Aún prescindiendo de esta limitación a los derechos que tienen por imperio constitucional todos los habitantes del país, vamos a repasar algunos de los reproches que se hicieron en el Congreso, limitados estrictamente a la política agropecuaria del gobierno que se va.
En su comunicado, el Congreso aludió a ideas de Mujica calificadas de incoherentes, como la de importar campesinos de otros países para que trabajen aquí, lo cual implicaría tratar a los uruguayos de haraganes.
Es cierto. Mujica dijo eso, pero ha dicho -y no decimos hecho porque hacer no hizo nada importante- cosas mucho peores, como tratar de "chorizo "a quien después nombraron en la OPP porque dijo que le iba a poner impuestos al agro. Tanto él como su sustituto Agazzi son dos incompetentes en materia rural. Así tampoco le ganó una sola de las pulseadas que mantuvo con Astori para conseguir un tratamiento complaciente a las deudas del agro.
El comunicado también recuerda las 97 medidas anunciadas para llevar adelante el eslogan del "Uruguay productivo", uno los mayores furcios que se recuerden en la historia de los anuncios políticos del país. Y asiste toda la razón al Congreso cuando califica las medidas tomadas como de impactos insignificantes.
Es verdad también que proviniendo del sector agropecuario el ochenta por ciento de las exportaciones del país, el MGAP es el Ministerio que tiene asignados menos recursos presupuestales. Lo mismo puede decirse de la condena al atraso cambiario -con cuya crítica el Frente se llenó la boca en la oposición pero sostuvo en el gobierno para combatir la inflación que su gestión genera- y del perjuicio que ocasiona a la competitividad de la producción nacional. También es correcta la acusación de la inconstitucionalidad de la ocupación de las tierras de Colonización, de la inconveniencia de la intervención del gobierno en la fijación de los precios ganaderos, de la falta de seguridad jurídica, y de la insensibilidad del Presidente -que tuvo que cortar sus vacaciones veraniegas- y de Agazzi cuando al sobrevolar parte de la zona afectada por la sequía no se le dio trascendencia, porque eran pocos los espacios amarillos.
En el Congreso se dijeron grandes verdades. Es cierto, el agro navegó un buen tiempo con viento de cola. Tuvo suerte, porque política agropecuaria este gobierno no tuvo ni tiene.