Lula y Luli

RIcardo Reilly Salaverri

En la primera juventud en los eventos del nacionalismo, con frecuencia se repetía -recordamos- la expresión de Luis Alberto de Herrera -viejo y sabio caudillo- que rezaba así: "Ni la sovietización de las patrias americanas, ni una estrella más de una bandera imperialista".

La idea se ubicaba en un mundo que ya fue y dejaba lanzada al viento la ilusoria posibilidad de una posición soberana y americanista, alejada de los centro de poder por entonces establecidos.

Desde tal óptica los empeños de las naciones continentales por hacerse de sus recursos naturales y alejarse de las inversiones de fuera tenía impacto emocional fuerte, multiplicado ante la constancia de gobiernos en los que la rapacidad y la entrega, con beneficio para sus mentores, era realidad tangible encontrando encarnación inconfundible en las llamadas "republiquetas bananeras".

Tal actitud partía de una error garrafal consistente en creer que hay una Latinoamérica más o menos uniforme, lo cual es inexistente.

Nuestra república, hoy sumida en una decadencia cultural profunda y ostensible, supo -¡ a Dios gracias!- construirse sobre una cultura europea, y sus realidades políticas y sociales, no tuvieron en el pasado parangón con el resto de las realidades de sus pares continentales. Basta viajar un poco para saber que esto es simplemente así.

Además, sin ingresar en la consideración de las razones que nos hicieron históricamente país independiente -¿el "algodón entre los cristales" de Lord Ponsonby?- hemos sido independientes a pesar de los anhelos de nuestros vecinos más grandes en tamaño.

Recordemos que en Argentina se sostenía que nuestra frontera territorial empezaba en la arena de nuestras playas y que en Brasil se sostenía que el límite natural de este país era el Río de la Plata.

Expresado lo anterior, iremos al centro del comentario que nos interesa formular. Acostumbrados a escuchar y atender al Gran Macaneador, cuya presencia nos la han impuesto vergonzosa y descaradamente los medios televisivos y sus informativos, entre la sarta de disparates que frecuenta, está el de manifestar que si fuese Presidente de la República su referente es Lula el mandatario brasileño.

Al respecto es bueno recordar que Lula, que colgó el "overol" y se puso un ambo bien cortado y corbata, está rigiendo los destino de un país en el que la columna vertebral institucional son sus fuerzas armadas, el empresariado privado -particularmente el paulista- y las artes de Itamaraty, una cancillería que suele tener claras las ideas respecto del destino internacional de Brasil.

Si miramos la realidad uruguaya, no hablemos de política internacional porque el gobierno frentista no tiene la menor idea de lo que se trata, y sus movimientos no están inspirados en función del interés nacional sino de las afinidades ideológicas; a las fuerzas armadas las han diezmado y destruido hasta adonde ha sido posible; y el Ministro de Trabajo es la cabeza de un sindicalismo anacrónico de raíz comunista, que se ha encarado de hostigar arbitrariamente a todo el empresariado nacional.

En definitiva, mientras en Brasil, Lula encabeza la vieja consigna de "Brasil pra frente", por acá su artificioso y autoproclamado émulo, nos quiere conducir al mundo bosquimano. Todos con taparrabos y plumas, trabajando dos horas por día y viviendo de la caza y de la pesca. En definitiva: Lula es Lula y Luli es Luli.

No es lo mismo.

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