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Gustavo Penadés
Mañana martes, a estar a lo anunciado al momento de escribir estas líneas, el gremio de los docentes de Secundaria detendrán sus actividades.
Las razones de la medida encuentran explicación en las diferencias que mantienen con las autoridades. Reclamos por mayor seguridad en los liceos, modificación del régimen de elección de horas junto a denuncias sobre intentos de "limitar la acción y las libertades sindicales de los trabajadores", son algunos de las reivindicaciones.
Uno de los puntos centrales es el de la inseguridad adentro y afuera de los liceos, tema sobre el que padres alumnos y profesores vienen insistiendo permanentemente. Dirigentes de la Federación Nacional de Profesores de Enseñanza Secundaria han marcado sus diferencias con el Programa Comunidad Educativa Segura, que fue implementado para atender el problema.
Una de las cosas que nos llaman la atención, es la reivindicación de la figura del "portero" en los liceos. Esta referencia, menor sin duda a la hora de considerar problemáticas tan complejas, es útil a los efectos de pintar la inoperancia del gobierno. Algo tan elemental como la existencia de un cargo de portero se torna en novedad y reclamo para los docentes.
La realidad, es que nuestro País necesita con urgencia una reformulación integral de su sistema educativo público. Empezando por lo institucional, en relación a lo cual no se ha avanzado sino que con la Ley de Educación se inició un camino de retroceso al crearse un monstruo burocrático en el que la voz mas fuerte será la de la corporación docente. Debe avanzarse en la búsqueda de una descentralización que facilite el gerenciamiento de una realidad muy compleja que involucra unos 270 liceos, más de 225.000 alumnos y de 15.000 docentes; a lo que hay que sumar la enseñanza Primaria y Técnica.
Por otra parte, la concentración a la que hacemos referencia, seguramente contribuye a que se tornen en fundamentales las exigencias relacionadas con el cumplimiento por parte de los docentes de preceptos administrativos que terminan conspirando contra su profesionalización. Es decir, un docente que se formó para ser un profesional de la docencia ve restringida su posibilidad de trabajo por el imperativo de las normas que centralmente se establecen; ya que no hay que olvidar que ese docente será calificado y que dependerá de esa calificación sus posibilidades de ascenso.
Se advierte también, a estar a lo señalado por los expertos, una inversión en los objetivos. Existe una tendencia a focalizar la atención en evitar problemas como el de la deserción (lo que está bien) o el de la pérdida de los cursos, aunque ello implique rebajar las exigencias para el conjunto de los estudiantes. Esto también tiene que ver con el fenómeno de la concentración, porque se establecen criterios homogéneos para atender una multiplicidad de realidades diferentes.
Entendemos que estas cuestiones que expresamos tienen mucho que ver con al sensación que transmiten las autoridades de la enseñanza de no advertir que un golpe de timón es imperioso, y que ese golpe de timón pasa por asumir con sentido común la realidad que se impone. Como será la cosa que algo tan elemental en cualquier institución como lo es un portero, pasa a ser ¡una reivindicación!
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