KABUL | AP
Eran las dos de la mañana cuando una granada reventó la entrada principal de la residencia de Hafizullah Shahbaz Khiel. Mujeres y niños lloraban. Soldados afganos y estadounidenses gritaban: "¡Todo el mundo al suelo, con la cabeza baja!".
Hafizullah, un ex prisionero de Guantánamo, sabía que era mejor no resistirse. Así que, dice su familia, fue detenido injustamente por Estados Unidos... por segunda vez.
La historia de Hafizullah muestra lo difícil que es para las tropas estadounidenses determinar quién es enemigo y quien no en Afganistán. La primera vez que Hafizullah fue capturado, en 2002, se pasó cinco años en Guantánamo. En documentos legales, EE.UU. cita una fuente que dijo que Hafizullah ayudaba a Al Qaeda y planeaba matar a un funcionario del gobierno. Pero él dice que fue denunciado por un jefe policial corrupto como venganza y que el gobierno afgano le absolvió de cargos en diciembre del 2007. Menos de un año más tarde, en septiembre, EE.UU. allanó su casa. Esta vez, Hafizullah, que es farmacéutico, fue acusado de tratar a un miliciano del Talibán enfermo. Funcionarios afganos presentaron documentos declarando su inocencia, pero él sigue detenido en la base aérea de Bagram, junto con otros 600 prisioneros.
Algunos afganos dicen que EE.UU., arresta a demasiadas personas. "Estamos hastiados", dice Ishaq Gailani, miembro del gobierno. "Bagram está llena de personas erróneamente acusadas. Ellos (los estadounidenses) arrestan a todo el mundo".
En Guantánamo, uno de los compañeros de celda de Hafizullah fue Mullah Abdul Salam Zaeef, el desafiante embajador del Talibán tras los ataques del 11 de septiembre del 2001. "Yo no lo conocía antes de Guantánamo. El nunca fue miembro del Talibán", dio Zaeef de Hafizullah desde su casa en Kabul. "Recuerdo que estaba decepcionado con el gobierno y con EE.UU. El decía `No sé por qué estoy aquí. No hay razón para que yo esté aquí`".
Los abogados estadounidenses de Hafizullah están apelando su detención en Bagram. Ancianos de Zormat, importantes clérigos, el gobernador provincial, el Buró de Reconciliación Nacional y dos parlamentarios firmaron cartas en las que atestiguan de la inocencia de Hafizullah. Armados con esos documentos, los hermanos y sobrinos del detenido han tratado de lograr su libertad. "Nadie nos hace caso", dice Rafiullah Khiel, un sobrino que trabaja en el ministerio de industria.