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Gustavo Penadés
La Intendencia de Montevideo inició una campaña, a través de su Inspección General, dirigida a intimar a los comerciantes que produzcan un volumen de desperdicios (fundamentalmente cartón) mayor a un metro cúbico, a que no los viertan en los contenedores de basura, sino que recurran a servicios especiales.
Lo que sucede, es que la crisis causó un descenso en el precio de algunos desechos, como el cartón y el plástico. Siendo el precio poco atractivo, los hurgadores no los buscan. Todo ello motiva que los contenedores se vean desbordados y no den abasto.
La decisión por el municipio admite dos lecturas. Una, es demostrar preocupación por la limpieza de la ciudad. La otra, es poner de manifiesto que Montevideo está muy lejos de haber solucionado el tema del manejo de sus residuos. Después de veinte años se sigue hablando de qué medidas adoptar al respecto.
La Usina 5 continúa trabajando como siempre; limitándose a enterrar los residuos, sin ningún tipo de clasificación previa. Ello significa que, además de enterrarse millones de dólares, alegremente se persiste en contaminar el ambiente: a la contaminación de naturaleza orgánica se suma la inorgánica. En ese sentido, cabe hacer especial referencia a los desechos tecnológicos: pilas, computadores, celulares, televisores, equipos médicos, etc. Para hacerse una idea de la magnitud del problema basta con recordar que, una sola pila de las usadas en aparatos de audición puede contaminar más de medio millón de litros de agua. Imaginemos las miles de pilas que diariamente son desechadas en Montevideo, ¡sin ningún tratamiento!
Por otra parte, si la decisión de los hurgadores de levantar una menor cantidad de toneladas de basura causa alarma en el municipio, debe asumirse que, en realidad, la IMM cuando diseñó -en su tercer período de gobierno- el sistema de contenedores lo hizo partiendo del supuesto de que un porcentaje de la basura montevideana no sería levantada por ella. Veamos que, si en la Usina 5 ingresan diariamente 1.800 toneladas de basura, y los recolectores levantan 400 más, su trabajo no es para nada despreciable.
En definitiva, lo que los hurgadores hacen es, ni más ni menos, hacer lo que la Intendencia no hace, y, sobre todo, a costo cero y "en negro".
Tal como quedó demostrado a nivel nacional, y como a esta altura se puede afirmar que es una manera de ser inscripta en la genética de la dirigencia frentista, los gobiernos municipales de Montevideo dedicaron los pasados veinte años al emparche, al maquillaje de los asuntos, sin ir jamás al fondo de las cosas. Así con los Casinos, que además de arrojar pérdidas y ambientar la corrupción, tienen el efecto secundario de causar amnesia en ex jerarcas municipales. Así con el transporte; así con las calles y veredas rotas, así con el Concurso de Carnaval, así con todo. Siempre el juego en la media cancha, en la mediocridad. No podrían faltar las otras dos características del actuar frentista: ubicar un supuesto culpable (hoy son los comerciantes los responsables de que los contenedores no den abasto), e incentivar la delación (que el vecino espíe que hace el otro y lo denuncie).
Quizás lo positivo es que todo sirva para que los montevideanos sigan asumiendo que tienen derecho a mucho más de lo que el Frente Amplio les dio en los últimos veinte años.
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