Treinta y Tres | Marco Rivero
En las primeras horas de la tarde y luego de desarrollar sin sobresaltos la reconstrucción del crimen, la jueza María Noel Odriozzola dispuso el procesamiento con prisión de L.D.V.M., de 18 años por un delito del homicidio en reiteración real, con un delito de lesiones personales.
La reconstrucción del hecho debió cambiarse de hora, puesto que se temió la ocurrencia de incidentes dado el grado de alarma pública que había generado el caso.
La joven hirió de muerte a Jenny Gisel González Giménez, de 25 años, a quien sorprendió -junto a su ex concubino- durmiendo en el que hasta hace pocos días había sido su dormitorio. En el mismo lecho se encontraba además otra pareja, los que escaparon de la escena saltando por una ventana.
RECONSTRUCCIÓN. Al mediodía se cumplió la reconstrucción, que inicialmente se había previsto para las 7:30 de la mañana, pero, debido a que se había filtrado la información la magistrada determinó la modificación de este horario y finalmente la instancia se cumplió en horas del mediodía, sin tropiezos.
Durante la noche anterior se había estado haciendo circular una cadena de mensajes de texto, donde se indicaba que la reconstrucción se realizaría a esa hora en la vivienda 22, del complejo Los Arrayanes, escenario del crimen.
Las fuentes policiales consultadas por El País no aludieron particularmente a estos mensajes como el motivo del cambio de horario, sino a la prevención de una concentración por la conmoción social que ocasionó el hecho.
La medida dio resultado, ya que la recreación de la escena se cumplió sin sobresaltos.
Otra de las secuelas de este caso es que la hija de la homicida y el dueño de casa -una beba de un año de edad- ha sido entregada a su abuela materna, en cuyo domicilio la ahora procesada estaba viviendo desde la separación de la pareja.
La joven de 18 años es hija de un agente en actividad y -según trascendió- tenía previsto este año tratar de ingresar a la Policía.
Ayer por la mañana en el Cementerio Municipal olimareño se cumplió el sepelio de la víctima, marcado por la congoja de sus familiares, a quienes aún les costaba asimilar el trágico fin de la joven. El concubino de la joven, herido en el incidente, continúa reponiéndose.