Integrismo verde

Desde esta página, siempre se ha dado relevancia a los temas ambientales. Mucho antes de que la "ola verde" copara los medios de comunicación, con una saludable preocupación sobre el impacto que el desarrollo humano tiene sobre ese mundo "natural", tan determinante para nuestra sobrevivencia como especie. Sin embargo, también hemos alertado sobre una creciente fanatización y pérdida de los parámetros lógicos que deben enmarcar toda discusión civilizada, en que vienen cayendo muchos representantes de organizaciones dedicadas a la preservación del medio ambiente.

Ni qué hablar de la manipulación de muchas de estas causas, por parte de sectores que no han dudado en bastardear una lucha tan noble, para imponer en base al miedo y la manipulación, agendas políticas y económicas que los benefician. Como ejemplo basta mirar lo que sigue sucediendo hoy en Gualeguaychú.

O, por mencionar otro caso puntual, está el de un grupo de ambientalistas británicos que se han propuesto evitar la ampliación del aeropuerto londinense de Heathrow porque, alegan, viajar en avión agrava el cambio climático. Patrocinados por la generosidad de algunas estrellas del espectáculo, días atrás invadieron el emblemático edificio vestidos con ropajes antiguos (algo ya de por sí sugerente) para mostrar su disgusto con las autoridades que no atienden sus reclamos. De nada importó la molestia causada a miles de usuarios del aeropuerto, ni que el gobierno explicara la enorme importancia que tiene la obra para el país.

Pero en estos días, resultaron alarmantes unas declaraciones del máximo jerarca del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC), Rajendra Pachauri, quién en una entrevista con El País de Madrid señaló que "los escépticos del cambio climático deben irse del planeta". Más allá de lo llamativo de un comentario tan agresivo de parte del líder de una organización que acaba de ganar el Nobel de la Paz, hay aspectos de las palabras de Pachauri que sirven para entender mejor cuáles son los peligros de esta suerte de integrismo verde, que exige que sus postulados sean aceptados como dogmas absolutos.

Por ejemplo, en una conferencia celebrada también en Madrid, un destacado científico estadounidense, William Briggs (profesor de la Universidad de Michigan y miembro del comité de Probabilidad y Estadística de la Sociedad Meteorológica de su país) agitaba las aguas afirmando que las estimaciones del IPCC sobre el aumento de la temperatura en el planeta eran poco fiables. "No hay duda de que el calentamiento global existe. El problema reside en cuánto podemos cuantificar esa influencia, dado el margen de imprecisión de los actuales modelos informáticos", sostuvo el experto.

¿Debería Briggs ir reservando pasaje en alguna dependencia de la NASA por semejante atrevimiento?

No viajaría solo. Semanas atrás, el Comité de Medio Ambiente del Senado de EE.UU. publicó una lista de 400 destacados científicos que expresan alguna forma de escepticismo acerca del origen humano del cambio climático. Lo cual generó polémica, ya que muchos se quejaron que esa inclusión podía afectar el desarrollo de sus carreras. Que estemos viviendo una época donde un científico no pueda expresar su punto de vista, sin miedo a ser linchado por no adaptarse al "consenso" de sus pares, es algo realmente terrible.

Pero basta hurgar un poco más en la entrevista del máximo exponente del IPCC para aumentar la inquietud. Frases como "no se puede mantener un sistema que sólo piensa en los ricos", o "hay que cambiar los valores y la filosofía de la vida de la humanidad", o que "hay que terminar con las duchas de media hora, el aire acondicionado desorbitado y el uso continuo del coche", ademas de reclamar que "hay que comer menos carne de vaca".

Más allá de que el argumento de "los ricos" es al menos discutible en un mundo que ha sacado en los últimos 50 años a más gente de la pobreza que los pasados 500, da la sensación es de que el señor Pachauri está embarcado en una misión bastante más ambiciosa que frenar el cambio climático. Una intención que puede ser hasta compartida, si no fuera por el tono soberbio de sus postulados, que a la larga puede llevar a que una causa tan noble como es la preservación del medio ambiente, termine presa de extremistas y fanáticos. Porque como dijo Einstein, "la única cosa más peligrosa que la ignorancia, es la arrogancia".

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