Lo que la crisis no debe afectar

Norberto Lannelli

Fruto de un contexto internacional recesivo que plantea cada día un nuevo grado de incertidumbre, Iberoamérica no está ni estará en el futuro previsible ajena a sus consecuencias, las cuales -como sucede en el hemisferio Norte y en particular en EE.UU.-, son de todo orden. El impacto estará dado, no sólo en el mundo de la economía, sino también en sus manifestaciones sociales y políticas.

En medio de semejante escenario se producen hechos positivos que se deben preservar y aún más, potenciar, en beneficio del desarrollo económico y social. Entre ellos se debe resaltar el crecimiento de la cooperación bilateral entre los países iberoamericanos.

La Secretaría General Iberoamericana (Segib) presentó esta semana el II Informe de Cooperación Sur-Sur en Iberoamérica (https://www.segib.org/documentos/esp/sur_sur_web_ES.PDF), el cual pone de manifiesto tres hechos de importancia.

En primer lugar, el sustancial aporte que España brinda en materia de Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), en particular la relevancia de los países iberoamericanos y entre ellos los de menor desarrollo, como receptores de la misma. La cooperación española alcanzó en 2007 un máximo de 5.155 millones de dólares, equivalente al 0.42% de su PBI, compartiendo así el liderazgo con EE.UU.

En segundo término, la creciente cooperación horizontal bilateral Sur-Sur, que en 2007 registró un total de 1.480 acciones. La mayoría de éstas se concentran bajo formas heterogéneas en el área económica y social, desde aporte de recursos humanos, como es el caso de Cuba, o las acciones más diversificadas de los países de Renta Media Alta (Argentina, Brasil, Chile, México y Venezuela). Estos son, al mismo tiempo, los países oferentes que más se destacan en el número y variedad de acciones de cooperación.

Hay también otros países de considerable PBI per cápita, como Uruguay y Costa Rica, que en función de sus capacidades poseen un potencial importante para desarrollar y participar activamente en la cooperación para el desarrollo.

En tercer lugar, la cooperación horizontal se concentra en ciertas áreas geográficas, donde los países oferentes y receptores se asocian para el desarrollo de determinadas acciones. México y Chile con los países de Centroamérica y Venezuela con los países del ALBA. En todos estos casos la concentración de la cooperación se da entre países que forman parte de acuerdos comerciales.

La cooperación no se ha limitado a lo expuesto. El Informe realizado por la Segib también da cuenta de cómo la cooperación horizontal bilateral Sur-Sur, se complementa con la cooperación triangular, es decir, aquella que se financia con aporte de los organismos internacionales y de terceros países, principalmente Japón y Alemania. Además, y sobre todo en los últimos tiempos, se ha plasmado en el documento la vocación de canalizar proyectos o acciones de cooperación a través de los organismos regionales de integración (Mercosur, CAN, ALBA, Segib, SICA).

Es de destacar que los países iberoamericanos hayan ido desarrollando la cooperación como una estrategia de asociación entre pares, y no una mera asistencia técnica.

Pero el camino por recorrer es todavía bastante extenso. Sin duda, parte del mismo se encuentra en el seno de los esquemas de integración subregional. También es necesario mantener la acción coordinada de los gobiernos a fin incrementar cualitativa y cuantitativamente el trabajo emprendido y lograr el mayor aprovechamiento posible de las mejores prácticas existentes.

En este campo existen ya iniciativas nacionales interesantes que pueden ser el germen de nuevos proyectos iberoamericanos.

Por último, es fundamental que ante las dificultades domésticas de diverso orden, la creciente importancia de la cooperación en sus múltiples formas no se vea alterada negativamente y continúe siendo un valioso instrumento para el desarrollo de nuestros países.

(*) Director del Centro de Información de Montevideo de la Secretaría General Iberoamericana

Norberto Iannelli (*)

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