Se comenta que este año, gracias al aporte de otros países y a las donaciones de organismos internacionales, quedarían terminadas las obras de recuperación del viejo y prestigioso Estudio Auditorio del Sodre, luego del siniestro que tuvo lugar el 18 de septiembre de 1971. Es de esperar que, al amparo de esas dos circunstancias, el propósito se concrete y que luego de treinta y ocho años de esfuerzo por parte de muchos que lo compartieron, el país logre disponer de esa sala. Lo que no debe olvidarse es que los teatros no son sólo los edificios sino también un público que los sostiene, y que conjuntamente con el edificio debe irse planificando la recuperación del viejo tipo de público del Estudio Auditorio, enriqueciéndolo con los jóvenes que les sucedieron.
El público del Estudio Auditorio fue, en su momento, un fenómeno único en el país y se decía que también comparándolo con otros países. La comunidad y la devoción entre ambos llevó a que nacieran los famosos "coleros", grupos de asistentes que, los días anteriores a ponerse en venta las entradas o los abonos para las temporadas que se organizaban, pasaban toda la noche en la clásica esquina de Andes y Mercedes, desplegándose desde la Boletería hasta la otra mitad de la manzana, esperando que fueran habilitadas para poder asegurarse sus ubicaciones.
El Sodre respondía con la organización de espec-táculos de la mejor calidad que podían ofrecerse, contando para ello con excelentes cuerpos estables como la Orquesta Sinfónica, el Conjunto de Música de Cámara, el Cuerpo de Baile y el Coro, además de organizar actividades de gran repercusión internacional, como lo eran los Festivales de Cine Arte. Muchos artistas, directores, solistas y compositores, desechaban en su momento a Buenos Aires, marcando su preferencia por el pequeño Uruguay, que los recibía con enorme entusiasmo y les ofrecía el apoyo de calificados ejecutantes para acompañarlos, encontrando a través de lo que fue una eficiente Radio Oficial, la posibilidad de difundir sus capacidades artísticas hacia todo el país.
Vicente Pablo, Lamberto Baldi y el argentino Juan José Castro fueron algunos de los grandes Directores Estables que se encargaron de darle fuerza y madurez al Conjunto Orquestal, distinguiéndose como Maestros Coreógrafos del Cuerpo de Baile excelsas figuras de la época como Alberto Pouyanne, Gala Chabelska, Roger Fenonjois, Tamara Grigorieva y la argentina María Ruanova, que tuvieron siempre el soporte de muy calificados bailarines nacionales. A ellos deben incorporarse, como Directores Invitados, a los mejores compositores de su tiempo, como Hindemith, Villalobos, Aron Copland y Aram Kachaturian, entre otros, además de Arturo Toscanini que también dirigió desde el escenario del Estudio Auditorio, quienes se encargaron de fortalecer una relación que el tiempo fue convirtiendo en muy sólida.
Todos ellos, junto a un personal excepcional que entregaba lo mejor de sí para conformar un nivel de alta funcionalidad, llevaron a acuñar la frase donde se reconocía que el Sodre era "un acto de amor" entre quienes ofrecían los espectáculos y quienes asistían a verlos. Ese tipo de idilio burocrático-artístico se quebró hace treinta y ocho años y es lo que hay que ir tratando de recuperar junto con las obras del edificio.
El nivel cultural del país permitió que se configurara ese milagro y hay que reavivarlo, no sólo por la institución sino también como un modo de enfrentar los embates de vulgaridad y chabacanería que nos invaden, contra los cuales todos protestan pero que nos siguen rodeando sin disponer de instrumentos suficientes para enfrentarlos.
El tiempo transcurrido sólo tendrá justificativo si las tareas ineludibles que deben cumplirse son decididamente encaradas, en una obra de carácter patriótico en la cual los uruguayos identificados con ese pasado excepcional deben trabajar para lograrlo.
Todas las manifestaciones artísticas o pseudo artísticas son respetables, pera cada una debe tener un lugar donde llevarse a cabo sin invadir las otras. Por eso la programación de actividades debe respetar el carácter de las salas, en este caso, tratando de recuperar un público muy especial perdido, incorporándole nuevos aportes que lo enriquezcan, y conformando así el regreso de salas llenas que se incrementan, para escribir otra página de una historia que fue brillante en el pasado y que debe serlo también en el futuro.