Álvaro Casal
Hasta el jueves pasado, Chesley Sullenberger era un anónimo piloto de US Airways. Durante 40 años los había estado tripulando. Pero ese día, a poco de despegar, una bandada de gansos se puso en el camino de su Airbus 320. Los gansos fueron deglutidos por las turbinas y ello precipitó los acontecimientos: el avión, con 155 personas a bordo, empezó a caer. Sullenberger estaba en una coyuntura difícil pero no titubeó: aplicó sus conocimientos de veterano piloto y amerizó suavemente sobre el río Hudson. No hubo que lamentar muertes. Sólo algunos pies fríos y heridas leves.
Chesley Sullenberger, súbitamente se convirtió en el héroe del momento. El mundo entero admira su pericia, su sangre fría, su sentido del deber y también su bonhomía.
¿Por qué no expresar esa admiración también desde aquí, desde el lejano Uruguay?
Los héroes como "Sully" (así lo llaman sus amigos) merecen todo el destaque que se les pueda brindar, ya que deben mover a la emulación.
En Estados Unidos, los medios y otros engranajes como el cine y las editoriales, suelen ponerse casi automáticamente en marcha y se encargan de que estos héroes no sean olvidados. Al extremo de que aun se recuerdan personajes como aquel campesino transformado en el sargento York por la Primera Guerra Mundial y condecorado porque supo capturar a numerosos enemigos con la misma técnica que usaba en su lejana tierra para atrapar pavos. En ocasiones, surgen héroes hasta de la imaginación, como Dick Tracy o Flash Gordon. Y los hay que logran llegar a la Casa Blanca, como Dwight Eisenhower o casi, como John McCain.
En nuestro país hemos tenido héroes recordables. En el siglo XX, entre otros, los sobrevivientes de la tragedia de los Andes y también el valeroso Gustavo Volpe. Sin embargo, a veces aflora la sensación de que hay demasiados héroes anónimos. Gente que se debería destacar porque va más allá de la línea del deber, pero cuya heroicidad es escasamente advertida u olvidada rápidamente. Por ejemplo, los bomberos, que recientemente lucharon contra el fuego en campos y balnearios. O bien policías que aun cobrando bajos sueldos y encarando otras dificultades, no titubean en jugarse la vida en defensa de la sociedad.
Hace poco más de un año, un joven recién egresado de la escuela de policía, cumplía funciones del servicio 222 dentro del Portones Shopping. Un novato a cargo de una tarea de responsabilidad, que se complicó cuando dos malvivientes quisieron rapiñar la tesorería de un supermercado del lugar. Los delincuentes no contaron con que el largo brazo de la ley estaría allí, personificado en aquel jovencito uniformado quien súbitamente tuvo la oportunidad de poner en práctica todo lo que había aprendido recientemente. El chico logró detener a uno de los rapiñeros, que luego se reveló que era un peligroso homicida que había escapado dos veces de dos cárceles. Una fue del penal de Libertad, disfrazado de mujer.
Hay que aplaudir a Chesley Sullenberger por lograr posar un gran avión sobre el río y supervisar su evacuación total, pasajero por pasajero. Pero no olvidemos a esa otra gente que también se juega entera en el cumplimiento del deber. Como el valiente novato que en noviembre de 2007 no titubeó en enfrentar a veteranos delincuentes en Portones Shopping.