El secreto de Miguel está en las Fiji

MATÍAS CASTRO

Mal o bien, todos nos damos algunos lujos en la vida. Para algunos estos pueden ser una cena en un restaurante común y corriente, y para otros puede ser embarcarse en un crucero por 10 días. Para otros, que son aquellos que protagonizan a diario esta columna, lujo es una forma de vida y la excentricidad una cosa normal.

El comentario viene a cuento de los planteos de Luis Miguel antes de su llegada a Chile, donde ofrecerá recitales tras los que se dirigirá a Argentina. Ayer trascendió que, antes de llegar, pidió un camarín que incluya un jacuzzi, cuadros, sillones de cuero, masajes con uvas carmenere e incluso agua traída de las islas Fiji. Es claro que, a cierto punto de una carrera exitosa, uno puede comenzar a creer las cosas más extrañas, como por ejemplo que el agua de Fiji es imprescindible para mantenerse perfectamente.

En esta columna ya se ha tratado en varias ocasiones los caprichos y exigencias de los artistas. Enumerarlos nada más puede ser muy divertido, por lo exótico y caprichoso que parecen. Es claro que hay artistas que llegan a tal grado de importancia, que, asesorados por su ego, pueden exigir lo que quieren y lo obtienen. Y si no les dan lo que quieren pueden hacer un berrinche destructor que cause graves pérdidas económicas. Eso, en realidad, no es digno de una buena persona. Al menos quienes yo considero buenas personas no actuarían así. Pero claro, no trato habitualmente con Luis Miguel, Mariah Carey, Shakira o quien sea.

Luis Miguel siempre luce estupendo en las fotos. Posando con elegancia, formal, impecable, seductor para las mujeres que lo siguen. Y su secreto está en el agua de las islas Fiji. Pensar que años atrás en Uruguay nos desvivíamos por el agua de Querétaro, cuando el verdadero secreto estaba al Sur del océano Pacífico.

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