MATÍAS CASTRO
En realidad la boda fue una sola. Pero el tema de hoy son dos matrimonios. Uno que empieza con una llamativa boda en el Río de la Plata, y otro que termina, dejando muy atrás y muy embarrada, otra boda, en Inglaterra. Y el funeral viene a cuento de lo siguiente: mientras Flor de la V, la travesti más famosa de la región, se casaba, en Inglaterra un hombre estaba a punto de matar a Guy Ritchie, el esposo saliente de Madonna.
La separación de la reina del pop y el casamiento de Flor de la V no podían tener más prensa, con sus correspondientes diferencias de escala. Ya no caben más noticias sobre Madonna. Los entretelones de su matrimonio y de sus peleas, sus posibles amoríos actuales y más cosas salen a la luz casi a diario. Así nos hemos enterado que Guy y Madonna agendaban cuándo tendrían sexo, que él la ha criticado duramente y que ella lo detesta. Parece que la relación que hasta hace poco se mostraba como normal y relajada, era una fachada que ocultaba a dos serpientes que se odiaban.
Madonna no debe ser alguien muy fácil de tratar, con su indiscutible gran ego y los diez millones de cuidados que debe exigir para mantenerse físicamente donde está. Pero tampoco Flor de la V, con su estatus de "capocómica" como le dicen en Argentina, y un gran ego que la ha hecho llegar tan lejos en un mundo donde pertenece a una minoría. Ambas llegaron, vieron y conquistaron, cada una a su modo y en sus respectivos universos.
Así que mientras se llora por una escandalosa separación, o se la contempla asombrado, también se puede sentir alegría por la otra boda, o se puede sentir el choque de ver la boda de una travesti. Los dos hechos permiten varias lecturas, y acá no se tomará partido por ninguna. El funeral de Guy, se evitó, un fan de Madonna lo quiso matar para vengar a su ídola. No pudo.