|
||||||||
JORGE ABBONDANZA
El Palacio Barberini está en pleno centro de Roma, fue diseñado por el célebre Bernini y alberga una galería de pintura en la que pueden admirarse muchas obras del Renacimiento. Entre ellas se destaca el gran retrato que Hans Holbein (El joven) le pintó a Enrique VIII de Inglaterra, un capolavoro que puede tomar por sorpresa a los desprevenidos. Porque cualquiera se pregunta cómo los italianos pudieron sacárselo de las manos a los ingleses, pero ahí está, convertido en una de las joyas de esa colección romana. Barbudo, adiposo y con un gesto ufano que parece clavarse en quien lo observa, el soberano era más robusto que los estilizados actores de cine y televisión que lo han encarnado últimamente. En todo caso no ha perdido popularidad, 450 años después de su cadena de aventuras matrimoniales. Hace dos días se estrenó en Montevideo una nueva película británica que reconstruye la etapa decisiva de su reinado, cuando se separó de la Iglesia Católica para repudiar a su mujer Catalina de Aragón y festejar unas segundas nupcias con Ana Bolena. Quienes dieron a la película el título en español de La otra, seguramente no recordaban el dramón mexicano de nombre idéntico que Dolores del Río interpretó en 1950.
La otra muestra cómo Enrique VIII cayó por turno bajo la seducción de las hermanas Bolena, primero María y después Ana, que era la más ambiciosa y más astuta de la familia y no se conformó con un amantazgo. Pretendió una boda formal y la obtuvo, aunque perdió materialmente la cabeza por haber trepado a esas alturas dinásticas. En más de un sentido la famosa historia también fue un dramón -incluyendo al verdugo y la cuchilla- aunque constituyó apenas un episodio en medio de las seis cabalgatas conyugales de un rey herético, excomulgado y tan casamentero. El cine ha visitado unas cuantas veces a Enrique VIII, con algunos puntos altos que merecen un recuerdo, como el aparatoso retrato a cargo de Charles Laughton en la película que Alexander Korda dirigió en 1933 y por la cual el actor obtuvo un Oscar, el único de su carrera a decir verdad.
Pero después de Laughton hubo otros, como Robert Shaw en 1966, que también se lucía en su papel aunque la película (El hombre de dos reinos) estaba dedicada a su ministro Tomás Moro, que también subió al patíbulo y era interpretado por el gran Paul Scofield. Tres años más tarde Richard Burton se convirtió en Enrique para compartir el estrellato de Genevieve Bujold, que era decapitada en Ana de los mil días, y en 1973 el personaje del rey le tocó a Keith Michell en una serial de la BBC sobre ese barbazul y su hilera de cónyuges. Cabe agregar que El hombre de dos reinos volvió a filmarse en 1988 con dirección y actuación central de Charlton Heston, y allí el rey era Richard Johnson. En todos esos casos, la figura de Enrique estaba rodeada por notables presencias femeninas, un desfile que a lo largo de siete décadas incluyó a Merle Oberon, Susannah York, Irene Papas, Vanessa Redgrave y Charlotte Rampling, entre otras.
Y últimamente la televisión inglesa volvió a la carga con una nueva serie, The Tudors, que los montevideanos pudieron ver en meses recientes por un canal de cable y cuya continuación está ahora en pleno rodaje en el Reino Unido y en Irlanda. No sólo en los buenos casimires tiene éxito el membrete de Made in England.
| « volver |
Un monitoreo realizado por la Universidad de Buenos Aires en Gualeguaychú concluyó que, en los primeros meses de funcionamiento ...
Ayer, a las 20:00 horas, el Tribunal de Apelaciones emitió el fallo que establece que el partido entre Nacional y Villa Española ...
El secuestro más largo de la historia de San Pablo culminó tras 101 horas con las dos jóvenes rehenes heridas de ...
¿Hito o eugenesia? ¿Altruismo involuntario o instrumentalización de un ser humano? ¿Bebé salvador o bebé medicamento? El eje de ...
Pese a que se desconoce cuándo llegará a Arroyo Verde la caravana de vehículos encabezada por el abogado argentino Salvador ...