Un grande arrepentido y a la espera

MATÍAS CASTRO

Me sorprendió leer ayer el siguiente comentario de Sandro: "Fui un arrogante, como todos los tipos que fuman". Siempre me llama la atención escuchar comentarios de este tipo de parte de gente que ha ocupado sitios de privilegio y de mucho impacto público.

Por un lado implican humildad, valor escaso nada despreciable para una figura del mundo del espectáculo, y por otro también dan algo de pena. Me dan pena porque me generan la sensación de que el famoso en cuestión se ha dado la cabeza contra la pared. "Aquí estoy, entre la vida y la muerte". Esas palabras son más que suficientes.

Todo esto surgió de una entrevista con una radio de Buenos Aires, que fue reproducida por algunos medios de prensa. En la nota habló sobre su estado de salud y su religiosidad. El tema no es noticia nueva exactamente, ya que lo hemos visto suspender recitales y visitas a Montevideo en años anteriores.

Pero es una pena el estado moral del hombre. Según contó, siente que se merece la enfermedad que sufre ahora "por ser un arrogante como todos los tipos que fuman". Ha atravesado la etapa de arrepentimiento, se lo ve recogido, muy distinto al "Sandro de América" seductor y con una presencia formidable sobre el escenario. Era el mismo hombre al que las mujeres le tiraban su ropa interior desde la platea.

Ya no hay figuras como la suya o la de Cacho Castaña. Probablemente, por un buen tiempo, al menos, nadie vaya a ocupar sus lugares. No con ese carácter, ese perfil de artista y esa forma de comunicarse con su público.

Ahora convertido en un ferviente creyente en Dios, Sandro se lamenta de haber creído a lo largo de su vida que el cigarro no le iba a hacer nada. Ahora espera un trasplante de pulmón, tranquilo, en un hospital.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar